lunes, 31 de marzo de 2014

LIBROS - EL COMBATE DEL SIGLO (1910) de Jack London







DUELO DE TITANES: CIRCO ROMANO SIGLO XX




“Es tan profundo como nuestra conciencia, y está enraizado en nuestro propio ser. Es el mono y el tigre de nuestro interior. El boxeo es un deporte justo...quieren ir a ver combates porque aún corre por sus venas la atávica virilidad de Adán”. - Jack London.




4 de julio de 1910. Reno, Nevada. Todo está listo: James J . Jeffries “la gran esperanza blanca” se enfrentará al primer campeón negro de la historia de los pesos pesados, Jack Johnson “el gigante de Galveston”. Jack London está en Reno cubriendo la noticia para el New York Herald, junto a él muchos otros periodistas de todo el mundo y miles de aficionados presenciarán el que será recordado como “El combate del siglo”.Fue uno de los primeros acontecimientos deportivos que cobró una importancia mediática a escala mundial. No fue solo un combate de boxeo, fue mucho más, en el cuadrilátero se enfrentaban todas las tensiones y las diferencias raciales de la América de principios de siglo.Los periódicos transformaron el combate en un enfrentamiento racial y desde sus columnas forzaron la vuelta al boxeo de Jeffries, campeón blanco que se había retirado invicto y que se vio obligado a volver para hacer justicia a la raza blanca.

Jeffries cae en el asalto decimoquinto, la muchedumbre explota y  se desencadena una serie de enfrentamientos racistas por todos los Estados Unidos. Presentamos aquí la crónica completa del combate de Jack London junto con un artículo publicado en  la New York University Journal of Law & Liberty y firmado por Barak Y. Orbach en el que se analizan las consecuencias políticas y sociales del histórico acontecimiento.

Jack London (1876-1916) nació en San Francisco, en su turbulenta juventud fue pirata, vagabundo, cazador de focas y buscador de oro. Muchas de las aventuras de su increíble biografía las volcó en sus novelas y relatos. Revolucionario socialista lúcido y después desencantado, nunca abandonó la esperanza de un rescate para quien vivía en los bajos fondos de la sociedad. Inteligente, autodidacta y con una gran fuerza de voluntad, fue en realidad un hombre solitario y desencantado de la vida. Entre sus obras cabe destacar: La llamada de la selva (1903) El lobo de mar (1904), Colmillo Blanco (1906), Martin Eden (1909) y la inacabada Asesinatos, S.L. (1963).

GalloNero Ediciones nos trae de la mano del estadounidense Jack London (1876-1916) los días previos y la crónica del combate entre James J. Jeffries “la gran esperanza blanca” y Jack Johnson “el gigante de Galveston”, primer campeón negro de la historia de los pesos pesados. Enviado Jack London a Reno (Nevada) en 1910 por el New York Herald para cubrir la crónica diaria desde el 23 de junio hasta el 10 de julio de lo que se denominó “El combate del siglo”, el escritor estadounidense, en un ejercicio periodístico y estilístico en la cumbre, relata el enfrentamiento entre Jeffries y Johnson como lo que fue: un enfrentamiento racial y la fiesta del siglo del boxeo. Jeffries, forzado a regresar al boxeo tras abandonarlo por falta de rivales, tenía como objetivo “demostrar que el hombre blanco es el rey de todos”, según declaraciones del propio Jeffries. Un asunto que trascendía al deporte y convertía la pelea en una lucha entre razas.

Jack London nos da noticia del revuelo que se formó no sólo antes de la celebración del combate, con Reno tomado por los aficionados, sino tras una pelea donde Johnson derrotó por nocaut en el decimoquinto asalto a “la gran esperanza blanca”. Y además con su mano izquierda, que no era su mejor mano. En las crónicas de los días anteriores relata los pormenores de los rivales, los analiza, les da la vuelta, estudia las posibilidades del combate, el vigor de los  músculos, la capacidad de asimilar el castigo y asimilarlo, y, ante todo, defiende el arte del boxeo. La personalidad de los rivales en el cuadrilátero, nos dice London, no es más que el reflejo de la propia más a allá de las cuerdas. Si Jeffries era un gran oso, pesado y tosco,  nada amigable, brusco y sin interés por agradar al público, Johnson tenía “un temperamento despreocupado, tan ligero y desenvuelto como un niño”. Jeffries era un luchador. Johnson un boxeador. Las apuestas antes del combate eran favorables a Jeffries, jamás en la carrera de Johnson hubo un oponente tan formidable como “la gran esperanza blanca”. 


Johnson, cuestionado en su época por su retroceso, las esquivas, por su defensa y su diversión entre las cuerdas, repleto su boxeo de ingenio y jocosidad, era considerado como un “negro malo”. Porque derrotaba a los blancos en el cuadrilátero, porque sería el campeón de los pesados y además hacía públicas sus relaciones con mujeres blancas; toda una contravención de las normas de comportamiento sociales de la época. Además de ser fuerte, era inteligente, estratégico, agresivo, descarado en el cuadrilátero. Y no era blanco. El escritor analiza a los rivales y se pregunta por la capacidad de asimilación del castigo de ambos, y es que Johnson, si quería ganar, debería disputar el combate de su vida ante un público necesitado de una victoria blanca. “¡Que no le noquee el negro, que no le noquee el negro!”, cuenta London que gritaban los veinte mil espectadores con gritos desgarradores en el último asalto.

Y El combate del siglo es un libro con una narrativa deliciosa en el que se disfruta de esos días previos de preparación, declaraciones y comportamientos de los boxeadores, de una ciudad volcada con el boxeo (y con lo que rodeaba el combate) y que aborda sin tapujos una defensa del noble arte, polémico en esa época y solo permitido en Nevada ya que era ilegal en los demás estados. London tan solo tiene que dar las pautas básicas del juego para demostrar su limpieza y justicia: “La pelea se llevará a cabo con armas naturales, y según reglas estrictas y limitadas. Van a golpearse con las manos, y solo con ellas. No pueden forcejear ni derribarse. La zona en la que pueden golpearse se restringe a la parte superior del cuerpo. Los golpes de cintura para abajo están prohibidos, etc.”. No hay enfrentamiento más justo que el boxeo. No hay deporte más sacrificado que el boxeo. Ganar o perder en igualdad de condiciones.

El boxeo tiene muchas aristas. No se trata de la reducción simplista de que dos contendientes se peleen a puño roto en el cuadrilátero, sin más. El boxeo es la extensión de la personalidad, en la estrategia y la táctica tiene conexiones con el ajedrez. Adelantar y sacrificar, retrasar, armar el ataque, esperar el contraataque, jugar, defender, aguardar el momento preciso, arriesgarse, adivinar la estrategia del contrario, decidir, actuar. Y London está de acuerdo en el calificativo de este combate como “El combate del siglo”. Y declara que prefiere algo que sea brutal a su manera, pero al mismo tiempo justo, que la injusticia y la falta de deportividad de las relaciones laborales, de la dominación política, de los sueldos miserables, de la explotación de los niños y las mujeres, de la adulteración de los alimentos, etc. que tan continuamente se dan más allá de las cuerdas.

Una vez llegado al combate, Jack London relata la victoria del negro Johnson. El fracaso de “la gran esperanza blanca”. Y es que Johnson “jugó y combatió contra un hombre blanco en un  país blanco y ante una multitud de blancos que aplaudía a Jeffries.” La soltura y espontaneidad de Johnson en el ring, el hablar continuamente al rival, sonreír al rival y boxear para el público, ganaron. Dice London: “La historia del combate es la historia de una sonrisa. Si hay un hombre que haya ganado por algo tan simple como una sonrisa, ese es Johnson”. Pero no todo acaba con el combate. El combate desencadenó la censura más cruel en el país. Tras la derrota de “la gran esperanza blanca”, estados y municipios decretaron la prohibición del pase de las grabaciones del combate y del boxeo con objeto de superar tras la excusa de la violencia la supremacía negra en el deporte. Tras la crónica de Jack London la edición de GalloNero se completa con un extenso estudio de lo sucedido legal y políticamente. Bajo el título “El combate de Johnson contra Jeffries y la censura de la supremacía negra”, escrito por Barack Y. Orbach y publicado en el New York University Journal of Law & Liberty en 2010 se relata cómo el golpe de zurda que puso en nocaut a “la gran esperanza blanca” conmovió a la nación y dio paso a disturbios raciales y a una de las olas de censura cinematográfica más inquietantes de la historia de América. 

Dividido el estudio en tres partes, en la primera se describe la segregación racial en el boxeo y las dificultades que Johnson tuvo que afrontar para luchar por el título; en una segunda el por qué del regreso de Jeffries para arrebatarle el título a Johnson; y en una tercera la política y le marco legal de la censura vivida en 1910. Un estudio donde se analiza la aplicación de las “normas comunitarias”, la censura contra el boxeo y contra el fiasco de la supremacía blanca, y el movimiento nacional generado, los disturbios raciales entre blancos y negros que acabaron con muertos, por asesinato o por linchamiento. Final que daba la razón a la crónica de London, en la que prefería la violencia concentrada e interna de un ring al salvajismo político, social, de exclusión, que es tan habitual más allá del cuadrilátero. Un libro para degustar con la emoción de unas crónicas insuperables ante un combate que hizo historia y con la tristeza de la barbarie generada tras la lucha. 



martes, 25 de marzo de 2014

POESÌA - "Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!" de Walt Whitman (*)





¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! Nuestro viaje ha terminado;
el buque tuvo que sobrevivir a cada tormenta, ganamos el premio que buscamos;
el puerto está cerca, escucho las campanas, todo el mundo está exultante,
mientras siguen con sus ojos la firme quilla, el barco severo y desafiante:

    Pero ¡Oh corazón!¡Corazón!¡Corazón!
    oh, las lágrimas se tiñen de rojo,
    mi Capitán está sobre la cubierta,

        caído muerto y frío.

¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas;
levántate, izan la bandera por ti, por ti suenan las cornetas;
por ti ramos y cintas de coronas, por ti se amontonan en las orillas;
Por ti te llama la influyente masa, giran sus rostros impacientes;

    ¡Aquí Capitán!¡Querido padre!
    Este brazo bajo tu cabeza;
    Es como un sueño sobre la cubierta,

        Has caído muerto y frío.

Mi capitán no responde, sus labios están pálidos e inmóviles;
Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad;
El barco está anclado sano y salvo, el viaje ha terminado y se ha hecho;
De un viaje temeroso, el barco triunfador, entra con su objetivo realizado;

    Exultamos, ¡oh costas y tañidos, oh campanas!
    Pero yo, con triste pisada
    Camino en cubierta donde está mi Capitán

        Caído muerto y frío.


(*) "Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!" es un poema de Walt Whitman escrito en homenaje a Abraham Lincoln, presidente de EE.UU., después de su asesinato en 1865. Se publicó por primera vez el mismo año en un apéndice adjunto a la última versión de "Hojas de hierba", su obra maestra. 


POESÌA - "Mañana, y Mañana y Mañana" de William Shakespeare (*)






    Se desliza en este mezquino paso de día a día,
    A la última sílaba del tiempo testimoniado:
    Y todos nuestros ayeres han testimoniado a los tontos
    El camino a la muerte polvorienta . Muere, muere vela fugaz!
    La vida no es más que una sombra andante jugador deficiente
    Que apuntala (Jason) y realza  su hora en el escenario
    Y después ya no se escucha más. Es un cuento
    Relatado por un idiota, lleno de ruido y furia,
    Sin significado alguno.





(*) El título de la novela "El Ruido y La Furia" alude a un soliloquio del acto 5, escena 5 del Macbeth de Shakespeare. La referencia más evidente es la de Benjy (el relato contado por un idiota), pero como puede observarse, los miembros del clan Compson parecen estar también aludidos en este fragmento. La referencia a “el camino a una muerte polvorienta” alude al destino general de los Compson, la aristocrática familia sureña cuya decadencia y desaparición es narrada en la novela.El ruido y la furia ( el original en inglés: The Sound and the Fury) es la cuarta novela del escritor estadounidense William Faulkner, publicada en 1929. Cuando fue traducida por primera vez al castellano se tituló como El sonido y la furia; el traductor omitió la referencia que Faulkner usó, un verso de Macbeth cuya traducción menos cacofónica en nuestra lengua ha sido "Ruido y Furia". El verso que inspiró al escritor describe la vida como una historia contada por un idiota, lo cual es una síntesis de esta novela.

 

viernes, 21 de marzo de 2014

CASOS POLICIALES - BURGOS: EL DESCUARTIZADOR DE CONSTITUCIÓN



HISTORIA DE PASIÓN, ENGAÑO Y MUERTE







Era un oscuro corredor de seguros, de aspecto inofensivo. Pero en febrero de 1955, Eduardo Jorge Burgos (que tenía 30 años) fue rebautizado. Aquella imagen de perfil bajo quedó atrás cuando empezaron a llamarlo "El descuartizador de Barracas".El cambio ocurrió cuando la Policía Federal descubrió que, en un ataque de celos, Burgos había matado a su novia para después descuartizarla y esparcir sus pedazos en varios lugares de Buenos Aires.La víctima se llamaba Alcira Metygher y tenía 28 años.

En una tórrida y agitada Buenos Aires, la política, y algo de fútbol, consumía gran parte del tiempo de las charlas de café. Sólo un hecho cambiaría al menos por algunos días el interés de los argentinos. Fue, para muchos, la historia de un chacal suelto por las calles de Buenos Aires. 

Macabro hallazgo:

Un cura que caminaba por las calles de Hurlingham, a unas pocas cuadras de la Estación de Trenes, descubrió con horror un paquete con un macabro contenido. El almanaque marcaba viernes 19 de febrero cuando fue hallado el torso de una mujer. Los diarios de la época dieron la noticia y el país se conmovió.

La luz roja se encendió en las redacciones. El viernes siguiente, 26 de febrero, en un desolado rincón del sur de la ciudad, donde se juntan la avenida Cruz y la calle Pedernera, se encontró un envoltorio similar: eran las dos extremidades inferiores, desde el pie hasta la rodilla, además de un muslo. 

El horror se desató en Buenos Aires cuando, pocas horas después, un marinero de la chata Sheop, que navegaba por el Riachuelo, avistó un objeto raro que flotaba a la altura de la calle Martín Rodríguez. La Prefectura rescató un canasto de alambre con el consabido paquete: contenía una cabeza de mujer, los brazos, alguna ropa.
Comenzaron a circular todo tipo de rumores. ¿Eran los restos de una única mujer o de varias? ¿La ciudad estaba amenazada por un asesino feroz, un Jack el Destripador porteño? La prensa filtraba con cuentagotas detalles macabros que erizaban a la población y multiplicaban la psicosis. El asesino había limado las yemas de los dedos de su víctima. Los envoltorios no tenían ni una gota de sangre. ¿Dónde había sido asesinada? Una primera conclusión se imponía: la habían matado, desangrado y después cortado en partes. 

Atrapado sin salida:


Se convocó a los mejores forenses, como el doctor Francisco Fablet, para que analizaran los restos. Con esa información recabada, dieron con la mujer que podría ser la víctima. Se llamaba Alcira Methiger, de 27 años, y en 1954 había sido operada tras haber sido atropellada por un auto. Era salteña y había llegado a Buenos Aires diez años antes para trabajar como empleada doméstica. Fue su hermana, Ana, quien aportó más información. Alcira tenía varios novios y pretendientes. Uno de ellos, el último, estuvo preso algunas horas, aunque no tenía nada que ver con el asesinato. Pero surgió el nombre del sospechoso: Jorge Eduardo Burgos, un soltero de 30 años que vivía con los padres. Integraba una familia de clase media acomodada que ocupaba un elegante departamento en Montes de Oca 280, en Constitución. Tenía secundario completo y había estudiado idiomas, destacándose en inglés. Cuando fueron a buscarlo, había viajado a Mar del Plata. Los investigadores de la Policía Federal lo siguieron y lo detuvieron en la Estación de Trenes de “La Feliz”.

Dijo que la había matado porque Alcira rechazaba sus propuestas de casamiento. Y explicó que los celos lo enloquecieron cuando, en el bolso de su novia, encontró una carta de otro hombre. "Ese fue el detonante", declaró.

Burgos se explayó, contando de principio a fin, su versión de la historia: Conocía a Alcira desde el año 1944, cuando ella, recién llegada de Salta, alquiló una pieza en el departamento de la familia de él. Cuando Alcira se fue de la pieza siguieron viéndose. Burgos, con la verborragia propia de las homicidas que confiesan, siguió así su relato: discutían porque ella quería "concretar" y él dudaba. Durante febrero, la familia Burgos se había ido de vacaciones a Necochea. Jorge Eduardo quedó solo en su casa. Burgos narró los paseos de la pareja durante aquel verano. Las visitas al departamento. La discusión, aquella noche de febrero en Montes de Oca. La carta de otro hombre que él había descubierto en un libro que tenía Alcira en la cartera. 

Crónica de un final anunciado:


El fatídico desenlace se precipitó: La pelea feroz, los dientes de ella apretándole un dedo. La furia de él, que para desprenderse le aprieta el cuello, y la caída. El pánico, cuando se da cuenta de que ella no respira. El cuerpo desnudo de Alcira en la bañera, Burgos que se saca la ropa para descuartizarla. Las ocho horas que le lleva cortarla en pedazos. Los paquetes. Los viajes en colectivo para arrojar los bultos en distintos lugares.  El macabro plan incluyó viajes en colectivos con los paquetes con los restos que iba arrojando en lugares descampados. Con la confesión, se cerraba la investigación. Luego llegaría la batalla judicial.

El juez de la causa condenó al descuartizador Burgos, en primera instancia, a 20 años de cárcel por homicidio simple. La Cámara del Crimen de la Capital, tiempo después, le rebajó la sentencia a 14 años. En prisión, el tímido Jorge se convirtió al evangelismo y mantuvo una conducta ejemplar, según los informes del Servicio Penitenciario. Por esos años, se había convertido en uno de los asesinos más conocidos de la Argentina.



Mientras el caso se dilucidaba en los Tribunales, se desenvolvió otro capítulo del crimen. La sociedad se dividió entre los que apoyaban a Alcira y los que eran partidarios de Burgos. Comenzaron a llegar a la redacción de Ahora cartas de lectores que se identificaban con uno u otro. Para algunos, Alcira Methyger, doméstica, provinciana, había sido engañada por un joven culto y de buenos medios económicos. Jorge Burgos representaba, para esos lectores, el prototipo del seductor irresponsable, del rico que, tras divertirse con una "morochita", la había asesinado y, sin la menor piedad, luego la había despedazado. 

Otros lectores, en cambio, simpatizaban con Burgos: Alcira era una arribista que había embaucado a un buen muchacho, tímido, apocado, culto, al que la pasión perdió. Dando por descontado que el crimen de Burgos había sido preterintencional (no deseado), como alegaba el asesino, muchos lectores lo veían más cómo víctima que como verdugo.

¿Fue Burgos víctima de las circunstancias? ¿Era un buen hombre al que un momento de locura arruinó la vida? ¿O fue uno de los más peligrosos e inteligentes asesinos al que sólo una brillante investigación impidió cometer el crimen perfecto? Un Burgos cuarentón, en los primeros meses de 1965, recuperó la libertad al cumplir las dos terceras partes de la condena. El hombre regresó al 3° “E” del edi cio de Montes de Oca 280. Allí siguió viviendo hasta su muerte, cuando ya había nacido el nuevo milenio. Solitario, se dedicaba a lustrar muebles, usaba un bastón y había quedado sordo.


El paralelismo literario:

Primero fue el horror. Pero después el caso Burgos provocó la fascinación de varios escritores. Era un crimen "literario": ¿por qué? Su diseño parecía un desafío a la sociedad o el juego de una mente perversa. También llamó la atención la extraña coincidencia de nombres. El ensayista Jorge B. Rivera escribió en 1991: "Sólo ahora, con el paso de los años, podemos advertir una simetría curiosa, prescindible o caprichosamente erudita, que en aquellos días era secreta o puramente premonitoria: el nombre Jorge Burgos, un corredor de libros homicida, prefigura el de Jorge de Burgos, el asesino múltiple de El nombre de la rosa, que custodia una biblioteca y un libro (y se enlaza con el de Jorge Luis Borges, bibliotecario y escrutador de grandes figuras universales de la infamia)".
El nombre de la rosa, la novela que Umberto Eco publicó en 1980, nació en Buenos Aires, en una librería de viejo de la calle Corrientes, donde Eco encontró un manuscrito. 

Hecho que Jorge Luis Borges, de quien Eco se reconoció lector devoto, usó varias veces. Constitución y Barracas, los barrios donde transcurrió el caso Burgos, fueron escenarios recurrentes en las ficciones de Borges. Una de sus obras maestras, el cuento El Aleph, comienza en la estación Constitución, en cuyo bar solían encontrarse Alcira y Burgos. El Aleph era un objeto que contenía el universo entero y Borges lo situó en la calle Garay, la misma en la que vivió Alcira Methyger cuando vino de Salta. El parque Lezama, por cuyas avenidas pasearon de la mano Burgos y Alcira, también vio pasar, quizás unos años antes, al joven Borges con su novia Estela Canto. 

Como contagiados por este clima literario, varios de los protagonistas de esta historia escribieron sobre ella. El comisario Evaristo Manuel Urricelqui, a quien sus acólitos llamaban El Vasco, ya jubilado, publicó algunos libros de cuentos. Otro Evaristo -Meneses- se convirtió algo después en célebre policía: en 1955 era detective de la sección Capturas y participó en algunas diligencias del caso Burgos. En sus memorias, publicadas en 1962, da su versión de este caso. Gracias a Meneses, que integraba la comisión que allanó la vivienda de Burgos en la avenida Montes de Oca, conocemos algunos de los títulos que guardaba la biblioteca del asesino: The Criminal Law, Best Crimes Stories, Murder Charge, Murder and Treason, Dead Wight, If I should Murder. La mayoría de estos libros, señala Meneses, "se referían a crímenes de mujeres, por lo que separé más de cuarenta". Aun resta otra sorpresa. En esa biblioteca estaba El asesinato considerado como una de las bellas artes, de Thomas de Quincey, uno de los libros que más le gustaban a Borges 

Otro policía escritor, Plácido Donato, evocó el crimen de Alcira Methyger en sus Confesiones de un comisario. El propio Burgos no se quedó atrás. Mientras esperaba la sentencia definitiva, publicó un libro de 64 páginas titulado Yo no maté a Alcira. Llevaba el sello de la ignota editorial BM y la tapa estaba ilustrada con la foto del autor y este subtítulo: Escrito desde la cárcel. El volumen, hoy ávidamente buscado por los coleccionistas, es un relato bastante rosa de los amores entre Burgos y Alcira. Su autor reitera lo que dijo siempre: Alcira y él pelearon, ella le mordió un dedo, él sin darse cuenta le apretó la garganta, para percatarse luego de que ella había muerto. Luego, dominado por el pánico, la descuartizó.


 

SONIDOS - I'M A LEGEND TONIGHT (KISS) por The Covers Project







TCP Instrumental Mashup/fan made song
© copyright KISS





miércoles, 19 de marzo de 2014

FRAGMENTOS - UN SÁBADO CALUROSO ("Retrato de un Artista Cachorro") por Dylan Thomas (*)







(...)
Al pasar junto al reloj floral, en el Jardín de la Reina Victoria, gruñó.

-¿Qué puede hacer ahora un imbécil? -dijo en voz alta, haciendo que una mujer joven que estaba sentada en un banco frente al mingitorio de mayólica blanca se sonriera, bajando su novela.

Tenía el cabello castaño peinado en alto, a la moda antigua, bucles sueltos y un rodete, y de allí salía una blanca rosa Woolworth que se doblaba hacia abajo, tocándole la oreja. Llevaba un vestido blanco con una flor de papel rojo pinchada en su pecho y anillos y brazaletes que provenían de algún kiosco de feria. Los ojos eran pequeños y muy verdes.

El muchacho anotó, cuidadosa y fríamente en una sola mirada, todos los raros detalles de su aspecto. Ern la certeza tranquila, impávida, de su apostura ante su mirada escrutadora; la seguridad de su sonrisa y la actitud de su cabeza; esa suavidad, esa extraña rareza que la defendía de todo mal encuentro, de toda mirada invitante, lo que le hizo temblar los dedos. Aunque su vestido era largo y el cuello alto, lo mismo podía estar desnuda allí, en la playa, su sonrisa confesaba que su cuerpo estaba desnudo, inmaculado, deseoso, tibio bajo la tela, y que ella esperaba, inocente.

"Que hermosa es -pensó, puesta su mente en las palabras y los ojos en su cabello y en su piel blanca y roja-, qué hermosamente me espera, aunque no sabe que me espera, y jamás podré decírselo."

Se había detenido y la miraba fijamente. Como una niña confiada ante una cámara, así estaba ella sentada y sonriente con las manos entrelazadas, la cabeza ligeramente inclinada, de modo que la rosa le tocaba el cuello. Aceptaba su admiración. Aquella muchacha, de entre un millón, se apoderaba de su larga mirada y acariciaba su amor estúpido.

Le entraron mosquitos en la boca. Y siguió su marcha rápida, vergonzosamente. A las puertas del jardín se volvió para verla por última vez. Su brusca y torpe partida le había hecho perder la calma, y ella lo miraba fijamente, confusa. Había alzado una mano, como para pedirle que volviera. El volvía la esquina y oyó la voz de ella- llamándole por su nombre -cien nombres que eran su nombre-, por encima de las paredes cubiertas de plantas

¿Y qué podía hacer un imbécil aterrorizado y loco de amor?, preguntó silenciosamente a su propia figura reflejada en el espejo deformante del salón Victoria, que estaba vacío. Su cara simiesca, fláccida, con la palabra cerveza escrita sobre la frente, le devolvió una rota mueca de desdén.
 

La sustancia narrativa de este volumen se corresponde, pues, con su verosímil fuente autobiográfica y con el relato elegíaco de las aventuras de un adolescente galés, escritor en ciernes, que incluyen refriegas, gamberradas, juegos, borracheras y romances, tal y como cabía esperar de un título, Portrait of the Artist as a Young Dog, donde Thomas se permite un guiño hacia el lector. El "'young dog" que Martínez-Lage prefiere traducir como "cachorro", significa también algo así como "pillabán", lo que se compadece muy bien con la etopeya del protagonista; pero el título remite a la novela de aprendizaje de Joyce que Dámaso Alonso tradujo, oculto bajo capa de un tal Alonso Donado, como Retrato del artista adolescente.

No gustaba de reconocer ninguna influencia del escritor dublinés, pero no cabe dudar de ello, y no sólo por el deliberado paralelismo entre ambos títulos. El presente libro tiene mucho que ver con las primeras narraciones de Joyce reunidas en Dubliners.Hay aquí mucho costumbrismo de nuevo cuño, muy diferente, por supuesto, del decimonánico, pues todo se remite a la educación sentimental del protagonista. No falta, en este contexto, la caracterización magistral de ciertos tipos característicos. Nada extrañas resultan aquellas concomitancias. Siempre se ha ponderado en Thomas, sobre todo en su poesía, la dicción enfática de quien maneja, como el propio Joyce lo hacía, un idioma metropolitano desde los aledaños de otra lengua que le permite manipular la riqueza de èste.

(...)
 

(*) Publicado originalmente en 1940, "Retrato del Artista cachorro" es la única colección de relatos que Dylan Thomas reunió como tal a lo largo de su vida. Basados en sus experiencia biográficas-aunque mas que intentar arrojar luz sobre su vida,la transfigura y la convierte en material literario-.Estos diez cuentos son posiblemente la cima de la narrativa de Thomas,el "Rimbaud de Cwmdonkin Drive",el hacedor de palabras y de emociones que supo extraer de sus raíces galesas la savia de la universalidad.


POESÌA - "El Aguinaldo de los Huérfanos" de Arthur Rimbaud (*)







I

Habitación en sombra: vagamente

se oyen los murmullos
dulces y tristes de los niños.
Sus cabezas se vencen
abrumadas de sueño
bajo el dosel que tiembla y que se agita…
–Fuera, muertos de frío, los pájaros se apiñan,
y sus plumas se ahuecan bajo el gris de los cielos.
Año Nuevo, envuelto entre la bruma
y arrastrando los pliegues
de su nevada capa,
se sonríe entre lágrimas y canta estremecido…


II


Y mientras tanto, los pequeños

bajo el dosel flotante
hablan bajito, como si de una noche oscura
se tratara, y escuchan, a lo lejos
algo como un murmullo…
Y se estremecen por la clara voz de oro
del timbre matinal que lanza aún más alto
su estribillo metálico
bajo su orbe de cristal.
                                      –El cuarto
está helado y, por el suelo,
esparcidas en torno de las camas
hay vestidos de luto. El cierzo áspero
del invierno, gimiendo
en el umbral, exhala por la casa
su aliento entristecido.

Se nota, en todo esto, que algo falta.

¿No hay una madre para los pequeños,
madre de sonrisa fresca
y triunfante mirada?
La noche, sola y amorosa,
se olvidó de arrancarle a la ceniza
una llama, avivarla,
y arroparles con su edredón de lana
antes de abandonarlos y gritarles: perdón.
¿Acaso no ha previsto el frío matinal
ni trabó bien la entrada contra el cierzo?
El sueño de una madre es una tibia alfombra,
el blando nido en que los niños
agazapados como pájaros entre el ramaje
duermen un sueño de visiones blancas…

Es éste un nido sin calor ni plumas,

en el que los pequeños pasan frío, no duermen
y tienen miedo;
                          un nido
tal vez helado por el amargo cierzo.


III


Ya vuestro corazón lo entiende todo:

ellos no tienen madre.
¡No hay una madre en casa y su padre está lejos!
Una criada vieja se ha ocupado
de los niños. Los pobres
están solos en una estancia helada,
huérfanos de cuatro años solamente,
y he aquí que despierta
en sus mentes un recuerdo alegre…
al igual que un rosario
que al rezar se desgrana:
–¡Qué mañana tan buena, la mañana
del aguinaldo! Cada uno
hubo soñado aquella noche
un sueño extraño con juguetes,
bombones revestidos
de oro, alhajas deslumbrantes;
corretear, bailar
una danza sonora y esconderse
después tras las cortinas y aparecer más tarde.

Despertaban temprano, mas felices,

con la boca hecha agua, frotándose los ojos…
Iban, con brillo en la mirada,
y aún enredados los cabellos
igual que un día festivo
con sus pies diminutos descalzos por el suelo,
a llamar a la puerta de los padres…
¡Entraban! Y después… ¡las felicitaciones,
los besos repetidos, en pijama,
y la alegría sin reservas!


IV


Qué maravilla esas palabras

por tantas veces pronunciadas.
Pero cómo ha cambiado la casa desde entonces:
un fuego crepitaba, vivo, en la chimenea,
e iluminaba todo el viejo cuarto;
y los reflejos rojos de la hoguera
se divertían al contornear
los muebles barnizados…
¡El armario no tenía llaves;
sin llaves, el armario inmenso!
A menudo, observaban
su puerta oscura y ocre…
¡Sin llaves!… ¡Era extraño! Tantas veces
habrían de soñar con los misterios
que habitaban sus flancos de madera,
y creían oír, tras de la cerradura
abierta, un vago ruido,
un lejano susurro…
–Qué vacío está hoy el dormitorio
de los padres. Ningún reflejo rojo
brilla bajo la puerta;
ya no hay padres, ni fuego o llave alguna.
Al irse, ya no hay besos ni sorpresas.
Qué triste será el día de Año Nuevo
para estos niños, mientras de sus ojos
azules, cae, silenciosa,
una lágrima amarga,
y un murmullo se oye: «¿para cuándo
volverá nuestra madre?».


V


Duermen ahora los pequeños

tristemente. Diríais, al mirarlos,
que lloran al dormir, por su penosa
respiración y sus hinchados ojos.
¡Los pequeños tienen un alma tan sensible!
–Sin embargo, el ángel de las cunas
llega a enjugar sus ojos, y desliza
un sueño alegre entre sus pesadillas,
un sueño tan alegre que sus labios
se entreabren, y ríen
                                  (parece que susurran).
–Sueñan cómo, inclinándose en sus brazos
contorneados, con el dulce
gesto del sueño, alzan
la frente, y su mirada
vaga a su alrededor…
Creen estar en un rosado paraíso…
En el lar, rebosante de destellos,
canta el fuego feliz … por la ventana,
a lo lejos, renace un cielo azul,
y la naturaleza se despierta
y se embriaga de luz…
Y la tierra, feliz por revivir,
semidesnuda, tiembla de alegría
por los besos del sol.
En la maltrecha casa todo es tibio y rojizo:
ya la ropa sombría no reviste
el suelo de la estancia
y, en el umbral, el cierzo
ha amainado por fin… ¡Como si un hada
tuviera algo que ver con todo esto!
–Los niños, jubilosos, dan un grito…
Allí, junto a la cama de su madre,
bajo un hermoso rayo color rosa,
sobre la alfombra, algo resplandece…
son medallones plateados, blancos
y negros, cuyo reflejo titilante
es de nácar y jade;
pequeñas orlas negras, diademas
de cristal, con tan sólo tres palabras
cinceladas en oro:
                              «a nuestra madre».


(*) Consiste en la primera poesìa de Rimbaud que fuera jamás publicada. Apareciò en la Revista "Revue pour tous" en enero de 1870. Para Rimbaud «el poeta debe hacerse vidente a través de un razonado desarreglo de los sentidos». Se trata de «registrar lo inefable» y para ello «es precisa una alquimia verbal que, nacida de una alucinación de los sentidos, se exprese como alucinación de las palabras»; al mismo tiempo, «esas invenciones verbales tendrán el poder de cambiar la vida».



miércoles, 12 de marzo de 2014

SOBREDOSIS DE TV - SATURDAY NIGHT LIVE, parte II (NBC, 1975-)







EL SHOW ESTÁ EN LA TV (parte II)




¿Qué tienen en común Eddie Murphy, Steve Martin, Mike Myers, John Belushi, Bill Murray, Joan Cusack, Robert Downey Jr, Billy Crystal, Amy Poehler, Ben Stiller, Will Ferrell y Kristen Wiig? Pues que todos ellos empezaron su carrera como actores cómicos en Saturday Night Live, el programa de humor más longevo de la TV americana cuya 39ª temporada ininterrumpida estrena CANAL+ en Lationamérica.

Saturday Night Live se basa en tres pilares: sketches humorísticos, un presentador famoso (desde actores - Jon Hamm o Robert de Niro - hasta cantantes - Sting -, pasando por deportistas de élite y políticos de renombre - la mismísima Sarah Palin) y un grupo musical invitado. Todo ello, grabado y emitido en riguroso directo desde la ciudad de Nueva York.

En este arduo y complejo camino que nos llevará a posicionarnos como uno de los portales televisivos de referencia en español, hoy estrenamos una sección con la que os mostraremos los entresijos de la televisión entre bambalinas. Se trata de colarse en el funcionamiento interno de los mejores programas y series de la historia explicando, tras un breve proceso de investigación, su funcionamiento interno: desde la escritura del guión a la preproducción o la grabación en plató, poniendo especial énfasis en las curiosidades o asuntos más llamativos del formato en cuestión. No hay mejor manera de empezar que con un clásico que mantiene unas rutinas prácticamente idénticas desde su inicio en 1975: Saturday Night Live


Grabación


Grabado desde la sede de la NBC en el Edificio GE desde su primer programa, Saturday Night Livese ha convertido en una institución sólida y prolífica de la televisión estadounidense, con 721 episodios emitidos durante el lapso de 37 temporadas en abril de 2012, y muchos premios recibidos a lo largo de sus tres décadas en el aire, incluyendo 21 premios Primetime Emmy, dos premios Peabody, y tres premios WGA. En 2000, el programa fue incluido en el Salón de la Fama de la National Association of Broadcasters. 

Premiaciones y Reversiones

En 2002, fue honrado por TV Guide como el décimo mejor programa de televisión de todos los tiempos, y en 2007, fue listado por la revista Time como uno de los 100 mejores programas de televisión de todos los tiempos. Varios sketches del programa se han adaptado como largometrajes, incluyendo The Blues Brothers en 1980 y Wayne's World en 1992.

Siguiendo el éxito de Saturday Night Live en Estados Unidos, se han creado versiones extranjeras del programa en otros países. En España incluyendo, una versión efímera del programa se estrenó el 5 de febrero de 2009 por la cadena de TV Cuatro en colaboración con la productora Globomedia, pero acabó siendo cancelada después de sólo pocos episodios. En Italia hay una versión más éxitosa que copia el formato original pero utiliza material que no ha sido usado en la versión estadounidense .



Reparto

El reparto, conocido como "The Not Ready for Prime-Time Players" ("los intérpretes no preparados para el horario de máxima audiencia") al comienzo del programa (este término todavía se utiliza extraoficialmente de manera frecuente, y fue originalmente ideado para separarlos del apodo "Prime Time Players" para el reparto del programa anterior en ABC), consiste en un grupo de miembros establecidos y un grupo de miembros nuevos, con el segundo siendo llamado "The Featured Players" y teniendo el privilegio de graduar eventualmente al reparto regular.

Locutores

Don Pardo fue el locutor de la serie cuando empezó, y ha actuado como locutor del programa para todas las temporadas a excepción de la séptima, cuando Mel Brandt y Bill Hanrahan llenaron ese papel. Desde su retiro de la NBC en 2004 hasta 2010, Pardo (quien tenía 57 años cuando el programa debutó) continuó volar desde su casa en Tucsón, Arizona, para presentar el programa.

Pardo anunció en 2010 que para la temporada 36, a los 92 años, pre-grabaría sus papeles desde su casa en Arizona, en lugar de actuar en vivo en la ciudad de Nueva York.


The Saturday Night Live Band 

"The Saturday Night Live Band," también conocido como "The Live Band," es la banda oficial del programa. Howard Shore, un compositor quien ganó del Premio Óscar, sirvió como el primer director musical desde 1975 hasta 1980, apareciendo en muchos sketches musicales, incluyendo "Howard Shore and His All-Nurse Band" y (apoyando un coro de la Guardia Costera de Estados Unidos) "Howard Shore and the Shore Patrol." Durante los años, la banda ha contado con varios músicos de Nueva York, incluyendo Paul Shaffer (1975-1980), Lou Marini (1975-1983), David Sanborn (1975), Michael Brecker (a principios de 1980), Ray Chew (1980-1983), Alan Rubin (1975-1983), Georg Wadenius (1979-1985), Steve Ferrone (1985), David Johansen (actuando como "Buster Poindexter"), Tom Malone (quien asumió el cargo como director musical desde 1981 hasta 1985), y G. E. Smith (director musical desde 1985 hasta 1995). 


La banda está actualmente dirigida por Lenny Pickett, un alumno de Tower of Power, con Leon Pendarvis y Katreese Barnes como teclistas. El número de músicos ha variado a lo largo de los años, pero la instrumentación básica ha consistido en tres saxofones, un trombón, una trompeta, y una sección rítmica (que conta con dos teclados, una guitarra, bajo, tambores, y un percusionista extra). Las temporadas de 1983-1984 y 1984-1985 contaron con la más pequeña banda, un combo de seis piezas. La banda toca instrumentales que entran y salen de los descansos; los afiliados que emiten ningún tipo de publicidad durante estos intervalos escuchen canciones completas tocadas por la banda detrás de un gráfico de Saturday Night Live hasta que el programa resume.
 

Presentadores e invitados musicales

Un episodio típico de Saturday Night Live contará con un solo presentador, quien ofrece el monólogo introductorio y actúa en sketches con el reparto, y un solo invitado musical, quien ocasionalmente presentará dos o tres números musicales. En algunos casos, el invitado musical será también el presentador, llenando los dos deberes. Se ha convertido en costumbre que el presentador de la serie acabe el monólogo introductorio presentando los invitados musicales para la noche. George Carlin fue el primer presentador del programa, y Candice Bergen fue la primera mujer en presentar el programa unas pocas semanas más tarde. Los clientes que han presentado cinco o más episodios se refieren a veces como pertenecientes al "Five-Timers Club," un término que se originó en un sketch que apareció en el quinto episodio de Tom Hanks.



Los presentadores más destacados de SNL:



*Chevy Chase

1975-1976
*Jane Curtain
1976-1980
*Bill Murray
1978-1980
*Charles Rocket
1980-1981
*Brian Doyle-Murray
1981-1982
*Brad Hall
1982-1984
*Christopher Guest
1984-1985
 *Dennis Miller
1985-1991
 *Kevin Nealon
1991-1994
Norm Macdonald
1994-1997
 *Colin Quinn
1998-2000
 *Jimmy Fallon
2000-2004
 *Tina Fey
2000-2006
*Seth Meyers
2006-present

Estudio

Desde sus inicios, Saturday Night Live ha sido emitido desde el Estudio 8H, ubicado en los pisos 8 y 9 del Edificio GE (30 Rockefeller Plaza, o "30 Rock"). Debido al hecho que el estudio original fue un escenario de sonido radiofónico para Arturo Toscanini y la Orquesta Sinfónica de la NBC, los diseños del piso de estudio y del posicionamiento de la audiencia cause que algunos miembros del audiencia tienen una vista obstruida de muchos de los sketches. Según la NBC, el Estudio 8H tiene un acústica casi perfecto. Las oficinas de los guionistas, productores, y otros miembros del personal del programa se puede encuentran en el piso 17 de "30 Rock."
 

Tres de los cuatro primeros conciertos de la temporada 1976-1977 fueron grabados en la ubicación antigua de los NBC Studios en Brooklyn, debido a que NBC News fue utilizando el Estudio 8H para su cobertura de las elecciones presidenciales. Mary Ellen Matthews—la fotógrafa quien está responsable por tomar retratos de las celebridades que aparecen en SNL, y usarlos en parachoques comerciales para el programa—generalmente toma fotografías del presentador invitado del programa en el estudio mientras el invitado musical práctica sus canciones.

Reposiciones

Reposiciones de SNL se emiten fuera de su secuencia de emisión original, generalmente determinada por cuales episodios no se han repetidos, pero tuvieron altas calificaciones o aclamaciones para sus emisiones en vivo. Programas generalmente se emiten dos veces durante una temporada particular, pero frecuentemente los episodios de mayor audiencia de la temporada tienen una segunda emisión hacia el final de la temporada inactiva, o episodios será repitidos una segunda o tercera vez, para coincidir con un nuevo evento conectado con la persona quien lo presentó. Por ejemplo, el episodio de Natalie Portman que se emitió en marzo de 2006 para promover la película V de Vendetta se repitió el 5 de agosto de 2006, antes del lanzamiento en DVD de la película en el 8 de agosto del mismo año. Del mismo modo, un episodio presentado por Jeff Gordon se re-emitió tras la cobertura de la NBC de la Pepsi 400.

NBC y Broadway Video son titulares de los derechos subyacentes, mientras que los derechos de autor de cada episodio del programa hasta ahora son propiedad exclusiva de la NBC. Desde 1990 hasta 2004, Comedy Central y de su predecesor Ha! re-transmitieron reposiciones de la serie, después de lo cual la cadena de entretenimiento de televisión por cable E! firmó un acuerdo para las repeticiones.[28] Versiones abreviadas con treinta y sesenta minutos de las primeras cinco temporadas fueron emitidos como "The Best of Saturday Night Live" en sindicación a principios de la década de 1980, y más tarde en Nick at Nite en 1988. En septiembre de 2010, las reposiciones de la mayoría de los episodios posteriores a 1998 se inició al aire en VH1.


Productos derivados

En la actualidad, Universal Studios Home Entertainment y Lions Gate Entertainment son los titulares de los derechos de vídeo para la serie. Universal ha estrenado conjuntos completos en DVD para las primeras pocas temporadas, mientras que la cuota de Lions Gate de los derechos son el resultado de contratos anteriores con la cadena NBC golpeados antes de la fusión en NBC Universal. La mayoría de los DVD de SNL lanzados por Lions Gate son compilaciones con títulos comenzando con "Best Of...".

Los primeros días de SNL dieron lugar a varias películas, incluyendo Mr. Mike's Mondo Video (1979), Gilda Live (1980), Mr. Bill's Real Life Adventures (1986), y posiblemente la más exitosa, The Blues Brothers (1980). Sin embargo, fue el éxito de Wayne's World (1992) que alentó a Lorne Michaels a producir más películas basados en varios personajes de sketches populares. Michaels revivió personajes de los años 1970 en Coneheads (1993), seguida por It's Pat (1994), Stuart Saves His Family (1995, con el personaje de Stuart Smalley), A Night at the Roxbury (1998, con los personajes de The Butabi Brothers); Superstar (1999, con la personaje de Mary Katherine Gallagher), y The Ladies Man (2000). 


Algunos hicieron relativamente bien, aunque no fue el caso para otros—sobre todo, It's Pat, que hizo tan mala en la taquilla que el estudio que hizo la película, Touchstone Pictures (propiedad de The Walt Disney Company, que también es propietaria de ABC, uno de los rivales de NBC), la retiró sólo una semana después de su estreno, y Stuart Saves His Family, que perdió 15 millones de dólares estadounidenses. Muchas de estas películas fueron producidas por Paramount Pictures. Las películas basadas en The Blues Brothers fueron producidos por Universal Studios, que fusionó con NBC en 2004 para formar NBC Universal.




Clip - SNL feat. Rhianna:




SOBREDOSIS DE TV - SATURDAY NIGHT LIVE, parte I (NBC, 1975-)







EL SHOW ESTÁ EN LA TV (parte I)




Saturday Night Live es un late show estadounidense, emitido en vivo, que revolucionó la televisión  en los años 1970 con su combinación de sketches, comedia, variedad, actores, músicos, e invitados especiales. Ha sido una cantera generadora de talentos muy fuerte de varios guionistas, actores, escritores, productores y cantantes. Creado por Lorne Michaels y desarrollado por Dick Ebersol,  el programa fue estrenado por la cadena de televisión terrestre  National Broadcasting Company (NBC) el 11 de octubre de 1975, con el título original NBC's Saturday Night.

Durante más de 30 años, el programa ha presentado personajes locos, situaciones humorísticamente extrañas, parodias de los Presidentes  y políticos de turno, sarcásticas burlas a celebridades contemporáneas de la música y del cine, y shows musicales en vivo. Su reparto se compone de miembros repertorios, también conocidos como The Not Ready for Prime-Time Players (el nombre del reparto original del programa, que viene a significar «La Compañía No Apta para las Horas de Máxima Audiencia»), y nuevos miembros quienes se conocen como The Featured Players («La Compañía Destacada»).

Michaels dejó el programa en 1980 para explorar otras oportunidades, y fue reemplazado por Jean Douminian, quien llevó el programa a revistas desastrosas y fue reemplazada por Ebersol después de sola una temporada. Ebersol continuó produciendo el programa hasta 1985, cuando Michaels regresó a la posición de productor ejecutivo, que ha mantenido hasta ahora. Muchos miembros del reparto de SNL han logrado estrellato nacional y avanzado a éxito independiente en el cine y en la televisión, tanto delante como detrás de la cámara. 


En particular, SNL ha ayudado en lanzar las carreras de Steve Martin, Dan Aykroyd, John Belushi, Chevy Chase, Julia Louis-Dreyfus, Robert Downey Jr., Jimmy Fallon, Will Ferrell, Tina Fey, Eddie Murphy, Chris Rock, Bill Murray, Mike Myers, Tracy Morgan, Ben Stiller y Adam Sandler. Además, otros personas quienes anteriormente estaban asociados con el programa como escritores han avanzado a carreras exitosas, incluyendo Conan O'Brien, Max Brooks, Stephen Colbert, Larry David, Al Franken, Sarah Silverman y Robert Smigel.

Formato

El programa cuenta con su propio formato. Usualmente suele consistir en por una parte un artista invitado y por otra un cantante o banda musical invitado. Al principio del programa se presenta un sketch "cold open" centrado en un tema especifico (usualmente una noticia política), que termina con la proclamación famosa "Live from New York, it's Saturday Night!".  Esto es seguido por la introducción del programa, en la cual se presentan cada uno de los actores principales, el artista invitado, y el cantante o banda musical invitado. 


Seguidamente el artista invitado se presenta ante el audiencia con un monólogo humorístico. Después de esto, el programa continúa con varios sketches que varían de un programa a otro. Entre los más destacados se encuentra una parodia a un noticiero (llamado "Weekend Update") que presenta noticias reales y/o ficticias de forma sarcástica e hilarante y parodias hacia anuncios publicitarios, entre otros. A la mitad del programa el artista invitado presenta al show musical que será interpretado por el cantante o banda invitada. Al final del programa el artista invitado despide el programa, y tanto los actores principales como los invitados se abrazan y saludan a las cámaras mientras transcurren los créditos.

Concepto y creación

Desde 1965 hasta septiembre de 1975, la NBC emitió reposiciones de The Tonight Show Starring Johnny Carson en las noches de sábados y domingos, a la discreción de sus afiliados locales. Sin embargo, en 1974, Johnny Carson anunció que quería retirar estas reposiciones para que pudieran ser emitidos en días laborables, permitiéndole tomar un descanso.

El presidente de NBC, Herbert Schlosser, le pidió a su vicepresidente de programación nocturna, Dick Ebersol, en 1974, crear un programa para llenar el intervalo de tiempo para las noches de los sábados. Schlosser y Ebersol luego acercaron a Lorne Michaels, queriendo crear un programa de variedades que empujaría los límites con su estilo vanguardista del humor. Ebersol sabía que Michaels fue capaz de crear un programa porque había trabajado en Rowan & Martin's Laugh-In.
 
Primera era (1975–1980)

El programa fue estrenado el 11 de octubre de 1975, y fue originalmente titulado como NBC's Saturday Night, porque el título actual estaba siendo usado por la American Broadcasting Company (ABC), uno de los rivales de la cadena, como el título de un programa de formato similar, con presentación de Howard Cosell. La NBC compró los derechos al nombre en 1976, oficialmente adoptando el título nuevo el 26 de marzo de 1977.

El programa fue un éxito instantáneo tras su debut, y como resultado, los miembros del repertorio repentinamente llegaron a ser famosos. El repertorio original era conocido como "The Not Ready for Prime-Time Players," que significa "La Compañía No Apta para las Horas de Máxima Audiencia." Los primeros miembros del reparto incluyeron algunos antiguos integrantes de The Second City (Dan Aykroyd, John Belushi, y Gilda Radner) y de los "Lemmings" de National Lampoon (Chevy Chase, Jane Curtin, Laraine Newman y Garrett Morris). También se presentaban cortometrajes de Albert Brooks y segmentos con personajes adultos y abstractos de los Muppets de Jim Henson.

En 1976, durante la segunda temporada, se unió Bill Murray en lugar de Chevy Chase. Después de la cuarta temporada, Aykroyd y Belushi dejaron el programa. Durante la siguiente temporada, Michaels decidió dejar el programa y explorar otros caminos. La salida de Michaels llevó también a las resignaciones de la mayoría de los miembros del repertorio y del equipo.
 
Segunda era (1980–1985)

A pesar de que SNL era todavía popular, Michaels pensó que su salida podría llevar a la cancelación del programa. Sin embargo, la NBC ya había planeado para reemplazarlo con Jean Doumanian, una productora asociada durante los primeros cinco temporadas. NBC quería construir un nuevo repertorio y continuar con el programa, dejando Doumanian con la totalidad del control creativo del programa. Después de revisiones desastres y confusión detrás de las escenas, Doumanian fue despedida después de una sola temporada. Fue reemplazada por Dick Ebersol, quien había contratado originalmente con Michaels para crear el programa.

El primer episodio de esa era, llamado Saturday Night Live '80 en los créditos iniciales, se estrenó el 15 de noviembre de 1980, con un reparto totalmente nuevo:Eddie Murphy, Charles Rocket, Denny Dillon, Gilbert Gottfried, Gail Matthius, Joe Piscopo, y Ann Risley. Para 1984 entraron Jim Belushi, Julia Louis-Dreyfus, Billy Crystal, Martin Short, Christopher Guest, Rich Hall, y Harry Shearer.

Tercera era (1985–1990)

Michaels retornó al programa durante la temporada 1985-1986. Ningunos de los miembros del reparto anterior regresaron, obligando a Michaels a reconstruir el programa. Esa era, Michaels y su nuevo equipo contrataron a Randy Quaid, un nominado para el Academy Award que era conocido por su trabajo en The Last Detail y National Lampoon's Vacation; así como a incógnitas del momento, tales como Joan Cusack, Robert Downey Jr., Danitra Vance, Terry Sweeney (el primer miembro del reparto abiertamente gay), y Anthony Michael Hall (quien apareció con Quaid en National Lampoon's Vacation y protagonizó en The Breakfast Club ese mismo año; a la edad de 17 años, era el miembro más joven en la historia del reparto). Los entonces desconocidos comediantes incluyeron Dennis Miller y Damon Wayans y los comediantes de improvisación Nora Dunn y Jon Lovitz. Don Novello regresó con su personaje, el Padre Guido Sarducci. En 1987 ingresó Ben Stiller.

De todo el reparto, solo Dunn, Lovitz, y Miller regresaron para la temporada 1986-1987. Para la nueva temporada, Michaels retornó a su táctica original de reunir un ensemble fuerte de relativos desconocidos, liderados por Dana Carvey, Phil Hartman, Jan Hooks, Victoria Jackson, y Kevin Nealon. Como un resultado de esto, el programa experimentó mejoras en sus índices de audiencia y en su recepción crítica.

Cuarta era (1990–1995)

La temporada 1990-1991 introdujo a una cantidad de actores que rápidamente se convirtieron en las estrellas del programa — Chris Farley, Mike Myers, Tim Meadows, Adam Sandler, Rob Schneider, David Spade y Julia Sweeney. El comediante notorio Chris Rock apareció en el programa durante 3 temporadas. Los personajes más memorables de este periodo incluyeron "Pat" de Sweeney, "Opera Man" y "Canteen Boy" de Sandler, "Matt Foley" de Farley, "El Richmeister" de Schneider, "Nat X" de Rock, "Abogado Cavernícola Descongelado" de Hartman, y el cáustico comentario de Spade durante el "Hollywood Minute." La popularidad de estos nuevos miembros del elenco minimizó el impacto de la salida de algunos actores como Jan Hooks y del mediador de Weekend Update Dennis Miller después de la temporada 1990-1991, y de Victoria Jackson después de la temporada 1991-1992.

Michaels agregó Michael McKean y Chris Elliott al reparto. Ninguno de estos dos se sentían confortables con el programa, y ambos dejaron al final de la temporada 1994-1995. Los comediantes Norm Macdonald y Janeane Garofalo unieron al reparto al inicio de la temporada 1994-1995, y Mark McKinney unió a mediados de la misma temporada, después del cierre de otro programa creado por Michaels, The Kids in the Hall. Sin embargo, cuando Garofalo llegó, Adam Sandler comenzó a gritarle por los comentarios que había hecho en su contra sobre su rutina cómica. Otras dos actrices del reparto se pusieron también en su contra (Ellen Cleghorne y Laura Kightlinger). Garofalo se hundió en la depresión y dejó el programa a mediados de la temporada, solo para ser remplazada por Molly Shannon.

Quinta era (1995–2000)

La temporada 1995-1996 fue la última para David Spade, y el debut de un fuerte grupo de nuevos reclutas: Jim Breuer, Will Ferrell, Darrell Hammond, David Koechner, Cheri Oteri, Nancy Walls, Chris Kattan, Colin Quinn y Molly Shannon. Ana Gasteyer se añadió al reparto durante la siguiente temporada. Jimmy Fallon, Chris Parnell, y Horatio Sanz entraron al reparto durante la temporada 1998-1999, y Rachel Dratch y Maya Rudolph entraron el siguiente año.

Sexta era (2000–2005)

En 1999, Tina Fey se convirtió en la primera mujer en encabezar el equipo de guionistas del programa. El siguiente año, comenzó a actuar en los sketches, convirtiéndose en uno de los co-presentadores de Weekend Update, junto con Jimmy Fallon. También durante esa era, los intérpretes Colin Quinn, Tim Meadows, y Cheri Oteri dejaron el programa, y Horatio Sanz, Seth Meyers, Jeff Richards, Finesse Mitchell, y Kenan Thompson entraron al reparto.

El programa experimentó un contratiempo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, significado por la aparición de Rudolph Giuliani, el alcalde de la Ciudad de Nueva York en ese momento, en el primer episodio de la temporada 27. Como resultado de eso, los comentarios políticos en el programa se redujeron. Con el tiempo, el programa dio más atención al humor político.
 
Séptima era (2005–2010)

Saturday Night Live prometió cambios para la temporada 2005-2006, entre ellos comenzar transmisiones en alta definición. Lorne Michaels agregó a cuatro nuevos talentos: Andy Samberg, Bill Hader, Kristen Wiig, y Jason Sudeikis. Esta era también vio la salida de Rachel Dratch, Tina Fey, Horatio Sanz, Finesse Mitchell, y Chris Parnell.
 
Octava era (2010-presente)

*La temporada de 2010-2011 comenzó con Amy Poehler como la presentadora y Lady Gaga invitada musical. En esa era, Will Forte y Jenny Slate dejaron el programa, y Taran Killam, Paul Brittain, Vanessa Bayer, y Jay Pharoah unieron al reparto como actores destacados.

*La temporada 2011-2012, comenzó el 24 de septiembre de 2011, con Alec Baldwin e invitado musical Radiohead. En esta temporada salen Paul Brittain y entra Kate McKinnon. Esta es la última temporada para Kristen Wiig, Andy Samberg y Abby Elliott.

*En la temporada 2012-2013, comenzó el 25 de septiembre de 2012, con Seth MacFarlane e invitado musical Frank Ocean. En esta temporada llegan los actores Aidy Bryant, Tim Robinson y Cecily Strong. También marca la salida de los actores, Bill Hader, Jason Sudeikis, Fred Armisen y Tim Robinson, este último quien ahora es escritor del programa.

*En la temporada 2013-2014, comenzó el 28 de septiembre de 2013, con Tina Fey e invitado musical, Arcade Fire. En esta temporada marca la entrada de siete nuevos actores, Beck Bennett, John Milhiser, Kyle Mooney, Mike O'Brien, Noël Wells, Brooks Wheelan, Sasheer Zamata.

*El 15 de septiembre de 2013, se dio a conocer que Cecily Strong, sería la nueva conductora de la sección “Weekend Update” debido a que en febrero de 2014, Seth Meyers será el nuevo conductor de Late Night, causado por la salida de Jimmy Fallon, en Late Night para conducir The Tonight Show Starring Jimmy Fallon.

*Debido a la salida de Seth Meyers, el 1 de febrero de 2014, de SNL, para conducir, Late Night with Seth Meyers, el puesto de "Weekend Update", será ocupado por el jefe de guiones Colin Jost, quien asumirá el 1 de marzo.



Clip - SNL feat. Adam Sandler:




jueves, 6 de marzo de 2014

FRAGMENTOS - "THÉRÉSE RAQUIN: Prólogo a la Segunda Edición" (1898) por Émile Zola (*)


 

 


<<Pequé de ingenuo al pensar que esta novela podía prescindir de un prólogo. Acostumbrado a decir cuanto pienso en voz alta, e incluso a respaldar cuanto digo con los más insignificantes detalles, albergaba la esperanza de que se me entendiera y se me enjuiciase sin precisar explicaciones previas. Al parecer, estaba en un error.

La crítica ha recibido el presente libro con voz brutal y airada. Hay personas virtuosas que, en periódicos no menos virtuosos, han hecho una mueca de asco mientras lo cogían con unas tenazas para arrojarlo al fuego. Hasta las publicaciones literarias modestas, esas en que aparece todas las tardes la gaceta de alcobas y gabinetes privados, se han tapado la nariz, hablando de apestosa basura. No me quejo ni poco ni mucho de tal acogida, antes bien, me satisface mucho comprobar que mis colegas tienen los nervios sensibles de una jovencita. Es de todo punto evidente que mi obra pertenece a mis jueces, y que puede parecerles nauseabunda sin que me corresponda derecho alguno a protestar. De lo que me quejo es de que, a lo que me parece, ni uno de los púdicos periodistas a quienes se les han subido los colores al leer Thérèse Raquin haya comprendido la novela. Es posible que se les hubieran subido aún más caso de haberla entendido; pero, al menos, podría yo estar ahora disfrutando de la íntima satisfacción de su justificada repugnancia. Nada me resulta más irritante que ver cómo unos honrados escritores denuncian la depravación con grandes voces siendo así que tengo el hondo convencimiento de que no saben por qué dan esas voces.

Me veo, pues, en la obligación de tener que presentar personalmente mi obra a mis jueces. Voy a hacerlo en unas cuantas líneas, sin más propósito que el de evitar en el futuro cualesquiera malas interpretaciones.

En Thérèse Raquin pretendí estudiar temperamentos y no caracteres. En eso consiste el libro en su totalidad. Escogí personajes sometidos por completo a la soberanía de los nervios y la sangre, privados de libre arbitrio, a quienes las fatalidades de la carne conducen a rastras a cada uno de los trances de su existencia. Thérèse y Laurent son animales irracionales humanos, ni más ni menos. Intenté seguir, paso a paso, en esa animalidad, el rastro de la sorda labor de las pasiones, los impulsos del instinto, los trastornos mentales consecutivos a una crisis nerviosa. Los amores de mis dos protagonistas satisfacen una necesidad; el asesinato que cometen es una consecuencia de su adulterio, consecuencia en la que consienten de la misma forma en que los lobos consienten en asesinar corderos; y, por fin, lo que di en llamar su remordimiento no es sino un simple desarreglo orgánico o una rebeldía del sistema nervioso sometido a una tensión extremada. No hay en todo ello ni rastros del alma, lo admito de buen grado, puesto que era mi intención que no los hubiera.

Espero que esté empezando a quedar claro que mi meta era, sobre todo, una meta científica. Al crear a mis dos protagonistas, Thérèse y Laurent, me complací en plantearme determinados problemas y en resolverlos; así fue como sentí la tentación de explicar la extraña unión que puede darse entre dos temperamentos diferentes; he mostrado las hondas alteraciones de una forma de ser sanguínea al entrar en contacto con otra, nerviosa. Quien lea atentamente esta novela se dará cuenta de que cada uno de los capítulos es el estudio de un caso fisiológico peculiar. En pocas palabras, mi único deseo era buscar el animal que reside en un hombre vigoroso y una mujer insatisfecha; en no ver, incluso, sino a ese animal; en meter a esos dos seres en un drama tempestuoso y tomar escrupulosa nota de sus sensaciones y comportamientos. Me he limitado a realizar, en dos cuerpos vivos, la tarea analítica que realizan los cirujanos en los cadáveres.

No se me negará que resulta muy duro, recién concluida tal labor, entregado aún por completo a los juiciosos gozos de la indagación de la verdad, tener que oír acusaciones que me imputan el no haber aspirado sino a describir escenas colmadas de obscenidad. Me he visto en el mismo caso que esos pintores que copian desnudos sin que el deseo los roce ni por asomo y se sorprenden a más no poder cuando algún crítico se escandaliza ante la carne viva que muestra su obra. Mientras estaba escribiendo Thérèse Raquin, me olvidé del mundo, me sumí en la tarea de copiar la vida con precisa minuciosidad, me entregué por entero al análisis de la maquinaria humana. Y puedo asegurar que en los crueles amores de Thérèse y Laurent no había para mí nada inmoral, nada que pudiera animar a caer en desviadas pasiones. Se esfumaba la categoría humana de los modelos, de la misma forma que se esfuma una mujer desnuda para la mirada del artista ante el que se halla tendida, y éste sólo piensa en plasmar a esa mujer en el lienzo con formas y colores verdaderos. Grande fue mi sorpresa, por lo tanto, al oír cómo se tildaba a mi obra de charco de cieno y sangre, de alcantarilla, de inmundicia y a saber de cuántas cosas más. Conozco a fondo el lindo juego de la crítica, yo también he jugado a él; pero admito que la unanimidad del ataque me ha sorprendido un tanto. ¡Cómo! ¡Ni uno de mis colegas ha sido capaz no ya de defender mi libro sino de explicarlo! Entre el concierto de voces que se alzaban para gritar: «El autor de Thérèse Raquin es un miserable histérico que se complace en describir escenas pornográficas con todo lujo de detalles», he esperado en vano otra voz que respondiese: «No; ese escritor no es sino un analista que quizá se ha demorado en el examen de la podredumbre humana, pero lo ha hecho de la misma forma en que un médico se demora en una sala de disección».

Que quede claro que no solicito ni poco ni mucho la simpatía de la prensa para una obra que, a lo que dice, asquea sus delicados sentidos. No aspiro a tanto. Lo único que me sorprende es que mis colegas me hayan convertido en algo así como un pocero literario, siendo así que a sus expertos ojos deberían bastarles diez páginas para reconocer las intenciones de un novelista; me conformo con rogarles humildemente que tengan a bien, en el futuro, verme tal y como soy y ponerme en tela de juicio por lo que soy.

Era fácil, empero, entender Thérèse Raquin, situarse en el terreno de la observación y el análisis, hacerme ver mis verdaderos errores, sin necesidad de recoger un puñado de barro y arrojármelo a la cara en nombre de la moral. Para oficiar de crítico digno de tal nombre, se precisaba cierta dosis de inteligencia y cierta perspectiva. Cuando de ciencia se trata, el reproche de inmoralidad no tiene razón de ser. No sé si mi novela es inmoral, admito que nunca me preocupó el hecho de que fuese más o menos casta. Lo que sí sé es que ni por un momento tuve la intención de poner en ella esa suciedad que han visto las personas de escrupulosa moralidad. Se debe ello a que escribí todos sus episodios, incluso los más febriles, sin más curiosidad que la del científico. Y desafío a mis jueces a que hallen ni una sola página realmente licenciosa, escrita para los lectores de esos libritos rosa, de esas indiscreciones de alcoba y bastidores, de los que se editan diez mil ejemplares y que recomiendan fervorosamente los mismos periódicos que han sentido náuseas ante las verdades de Thérèse Raquin.

Unos cuantos insultos, muchas simplezas, eso es, pues, lo que he leído hasta el día de hoy acerca de mi obra. Lo digo aquí con total tranquilidad, como se lo diría a un amigo que me preguntase, en la intimidad, lo que pienso de la postura de la crítica en lo que a mí se refiere. Un escritor de gran talento, al que me quejé de la escasa simpatía con que me he topado, me respondió con estas profundas palabras: «Tiene usted un defecto que le va a ir cerrando todas las puertas: no puede charlar ni dos minutos con un imbécil sin hacerle notar que es imbécil». Debe de ser cierto. Soy consciente de cuánto me perjudico a mí mismo, en lo tocante a la crítica, al acusarla de falta de capacidad de comprensión. Y, no obstante, no puedo por menos de dejar constancia del desdén que me inspira su limitado horizonte y los juicios que lanza a ciegas, sin capacidad de método alguno. Me estoy refiriendo, por descontado, a la crítica corriente, a esa que juzga recurriendo a todos los prejuicios literarios de los necios y no consigue alcanzar el punto de vista dilatadamente humano que requiere la comprensión de una obra humana. Nunca he visto tamaña torpeza. Los raquíticos puñetazos que la crítica de poca monta me ha lanzado al publicarse Thérèse Raquin se han perdido, como suele suceder, en el vacío. En gran medida golpea en falso, al aplaudir los trenzados de piernas de una actriz de rostro enharinado para acusar, luego, de inmoralidad, con grandes clamores, un estudio psicológico; al no entender nada; al no querer entender nada; al repartir mandobles cuando su atemorizada estupidez le ordena que los reparta. Es exasperante recibir un vapuleo por un pecado que no se ha cometido. Hay veces en que lamento no haber escrito obscenidades; creo que toleraría de buen grado que me diesen una paliza merecida, mas no esta granizada que me cae encima tontamente, como una lluvia de tejas, sin saber ni por qué sí ni por qué no.

Apenas si hay, en nuestros días, dos o tres hombres capaces de leer, entender y juzgar un libro. De ellos consiento en recibir lecciones, pues estoy convencido de que cuanto digan lo harán tras haber calado en mis intenciones y valorado los resultados de mi esfuerzo. Se guardarían muy mucho de decir estas palabras huecas: moralidad y pudor literario. Me reconocerían el derecho, en estos tiempos de libertad artística, de tomar mis argumentos en donde me plazca y no me pedirían sino obras formales, pues saben que sólo la necedad resulta perjudicial para la dignidad de las letras. Por descontado que el análisis que he intentado realizar en Thérèse Raquin no los sorprendería; verían en él ese sistema moderno, esa herramienta de investigación universal a la que recurre con entusiasmo nuestro siglo para taladrar el camino del futuro. Fueran cuales fuesen sus conclusiones, darían por bueno mi punto de partida, él estudio del temperamento y las hondas modificaciones del organismo sometido al apremio de los ambientes y las circunstancias. Me hallaría frente a jueces verdaderos, frente a hombres que buscan la verdad de buena fe, sin puerilidad ni falsas vergüenzas, y no se sienten en la obligación de manifestar asco ante el espectáculo de unos ejemplares anatómicos desnudos y vivos. La investigación sincera lo purifica todo, igual que el fuego. Cierto es que, ante un tribunal como este que me complazco en imaginar ahora, sería mi obra muy humilde; solicitaría yo toda la severidad de los jueces; querría que saliese de sus manos negra de tachaduras. Pero habría tenido, al menos, la gran alegría de ver que me criticaban por lo que he intentado hacer, y no por lo que no he hecho.

Me parece estar oyendo ya la sentencia de la crítica de altura, de esa crítica metódica y naturalista que ha renovado las ciencias, la historia y la literatura: « Thérèse Raquin es el estudio de un caso excepcional en demasía; el drama de la vida moderna es más dúctil, se halla menos preso del horror y la locura. Casos así hay que dejarlos, en las creaciones literarias, en segundo plano. El deseo de no desaprovechar ninguno de los elementos de sus observaciones ha impulsado al autor a destacar todos y cada uno de los detalles, lo que ha dado al conjunto de la obra tensión y acritud aún mayores. Por lo demás, carece el estilo de la sencillez que exige una novela analítica. Sería menester, en resumidas cuentas, para que el escritor consiguiese ahora buenos resultados, que contemplase la sociedad desde un punto de vista más amplio, que describiese sus numerosos y variados aspectos y, sobre todo, que utilizase una lengua clara y espontánea».

Pretendía responder en veinte líneas a unos ataques exasperantes por su ingenua mala fe, y me doy cuenta de que he comenzado a conversar conmigo mismo, como me sucede siempre que me quedo demasiado rato con la pluma en la mano. Lo dejo aquí, pues sé que es cosa que no agrada a los lectores. Si hubiese tenido voluntad de escribir un manifiesto y tiempo para hacerlo, quizá habría intentado defender eso que denominó un periodista, al hablar de Thérèse Raquin, «literatura pútrida». Mas ¿para qué? El grupo de escritores naturalistas al que tengo el honor de pertenecer cuenta con coraje suficiente para crear obras fuertes que se defienden solas. Es precisa toda la voluntaria ceguera de cierta crítica para que un novelista se sienta obligado a escribir un prólogo. Ya que, por amor a la transparencia, me he decidido a hacerlo, solicito la indulgencia de las personas inteligentes que no necesitan, para ver las cosas con claridad, que nadie les encienda un farol en pleno día.>>

FIN



(*) La desmesurada reacción de la crítica animó al autor a incluir un prefacio en la segunda edición de la novela en el que, además de una apasionada defensa de Thérèse Raquin, podemos encontrar toda una declaración de intenciones acerca de cómo Zola entendía la novela: una novela humana, que reflejase al hombre tal como es, sin falsos idealismos; que le situara como ante la lente de un microscopio y consignara con meticulosidad y desapasionamiento sus virtudes y defectos. Esa es la labor que el autor pretendió llevar a cabo en Thérèse Raquin, donde se estudian los temperamentos enfrentados de un ser de naturaleza carnal y otro de naturaleza nerviosa. Las alteraciones que la unión y el choque de esas naturalezas provocan, darán lugar al drama que se desarrolla a lo largo de la novela.