lunes, 10 de noviembre de 2014

RESEÑA LITERARIA - "Opio: Diario de una desintoxicación" (1923) de Jean Cocteau








UNA TÓXICA Y SANA COSTUMBRE




En 1923 Jean Cocteau se caía a pedazos. La muerte de su protegido poeta, el “enfant terrible” Raymond Radiguet le martirizaba y fue la gota que desbordó el vaso. El artista generó una adicción al opio que lo llevaría a un periodo de auto descubrimiento en una clínica de desintoxicación. El poeta, dramaturgo, diseñador, showman y director de cine escribiría quizá su obra más etérea dentro del mundo de las letras.

Entre 1928 y 1929, Cocteau escribe y diseña Opio. El libro es el diario de una desintoxicación, una confesión. Dicha droga es el aura que viaja entre estas páginas: “Todo lo que se hace en la vida, mismo el amor, se hace en el tren expreso que se dirige hacia la muerte. Fumar opio es abandonar el tren en marcha; es ocuparse de otra cosa que de la vida, de la muerte”, sentencia Cocteau. Asimismo, este universo le permite al artista crear notables diseños y hacer inolvidables e imparciales comentarios sobre escritores (Oscar Wilde, Victor Hugo, Proust, Raymond Roussel), compositores (Chopin, Stravinsky, Beethoven), cinematografía (Buster Keaton, Eisenstein, Chaplin, Buñuel) y sobre el arte como un acto de libertad.

Entre sueños y vigilias, enfermeras compasivas y fantasmas, su voz se expande y la mano escribe: “Nada ilustra mejor el drama de una desintoxicación que esos films acelerados, que denuncian las muecas y los gestos del mundo vegetal. El mismo progreso en el dominio auditivo nos permitiría sin duda alguna escuchar los gritos de una planta”.

"Me gustaría mucho no tener compostura. Es difícil. La falta de compostura es la marca del héroe. Hablo de una falta de compostura hecha de cifras, cuentas de hotel y ropa sucia. Leit-motiv del De Profundis: -El único crimen consiste en ser superficial. Todo lo que se comprende está bien-. La reiteración de esta frase irrita, pero es reveladora. Este lugar común, último descubrimiento de Wilde, deja de ser un lugar común y comienza a vivir por el hecho mismo de que él lo descubre. Toma la fuerza de una fecha."

En Opio. Diario de una desintoxicación, Jean Cocteau escribió:


"Asqueado por la literatura, he querido superar la literatura y vivir mi obra. Ello hace que mi obra me coma, que empiece ella a vivir y que yo muera. Por lo demás, las obras se dividen en dos categorías: las que hacen vivir y las que matan. [...] Nosotros, los poetas, tenemos la manía de la verdad, procuramos transmitir al detalle lo que nos choca. "¡Qué suyo es!", he aquí el elogio que se atrae siempre nuestra exactitud. Ahora bien, el poeta no pide ninguna admiración; quiere ser creído. 

Para arrojar luz sobre el arte contemporaneo hay que iluminar hasta la transparencia la figura de Jean Cocteau", con estas palabras inicia Ramon Gomez de la Serna, intimo amigo del autor, su magistral prólogo. Estos dibujos y estas notas datan de la clinica de Saint-Cloud (16 de diciembre de 1928-abril de 1929). Se dirigen a los fumadores, a los enfermos, a los amigos desconocidos reclutados por los libros y que constituyen la unica disculpa para escribir.

Es dificil vivir sin el opio después de haberlo conocido, porque es dificil, despés de haber conocido el opio tomar a la tierra enserio. Y a menos de ser un santo, es dificil vivir sin tomar enserio la tierra. El trabajo que me explotaba necesitaba el opio: necesitaba que dejase el opio, soy su victima una vez mas. Y yo me preguntaba: ¿Volveré a fumar? Inútil tomar un aire desenvuelto, querido poeta. Volveré a fumar si mi trabajo quiere. Es un libro el que sale, el que va a salir como dicen los editores. No soy yo...Yo puedo morirme: a él le tiene sin cuidado ... La misma frase se repite siempre, y siempre se deja embaucar por ella.

Entre 1928 y 1929, Cocteau escribe y diseña Opio. El libro es el diario de una desintoxicación, una confesión. Dicha droga es el aura que viaja entre estas páginas: “Todo lo que se hace en la vida, mismo el amor, se hace en el tren expreso que se dirige hacia la muerte. Fumar opio es abandonar el tren en marcha; es ocuparse de otra cosa que de la vida, de la muerte”, sentencia Cocteau. Asimismo, este universo le permite al artista crear notables diseños y hacer inolvidables e imparciales comentarios sobre escritores (Oscar Wilde, Victor Hugo, Proust, Raymond Roussel), compositores (Chopin, Stravinsky, Beethoven), cinematografía (Buster Keaton, Eisenstein, Chaplin, Buñuel) y sobre el arte como un acto de libertad.

Entre sueños y vigilias, enfermeras compasivas y fantasmas, su voz se expande y la mano escribe: “Nada ilustra mejor el drama de una desintoxicación que esos films acelerados, que denuncian las muecas y los gestos del mundo vegetal. El mismo progreso en el dominio auditivo nos permitiría sin duda alguna escuchar los gritos de una planta”.


"Solicito a los discípulos de Freud que me interpreten un sueño que he tenido desde los 10 años, muchas veces por semana. Este sueño se interrumpió en 1912: "Mi padre, que ya había muerto, no lo estaba en mi sueño. Se había convertido en un loro del Pré-Catelan, uno de los loros cuya gritería permanecerá para siempre unida en mí al gusto de la leche cremosa. durante el sueño, mi madre y yo íbamos a sentarnos a una mesa de la granja del Pre Catelan, que mezclaba varias granjas con la terraza del Jardín de Aclimatación. yo sabía que mi madre sabía y no sabía que yo sabía, y adivinaba que ella buscaba cuál de esos pájaros era mi padre y por qué se había metamorfoseado. Me despertaba llorando debido a su rostro, que trataba de sonreir."

"Para arrojar luz sobre el arte contemporaneo hay que iluminar hasta la transparencia la figura de Jean Cocteau", con estas palabras inicia Ramon Gomez de la Serna, intimo amigo del autor, su magistral prólogo. Estos dibujos y estas notas datan de la clinica de Saint-Cloud (16 de diciembre de 1928-abril de 1929). Se dirigen a los fumadores, a los enfermos, a los amigos desconocidos reclutados por los libros y que constituyen la unica disculpa para escribir.

Hay un instante en que el poeta sabe para siempre que lo será. Ese instante puede ser un reconocimiento que vagamente transmite el soliloquio; tal vez la visión de un objeto real que de pronto acuerda con un verso inmediato; el deseo demasiado cercano de una infancia recordada a voluntad. Más a menudo es una lectura febril o hambrienta o despierta, ese eco simpático -que atraviesa el tiempo y marca la historia- que alguien quiere repetir en sí mismo hasta saber que esa mismidad del yo, en el poema, es un doble, otro, nadie. Y aun así, nada de lo que la poesía atestigua puede tener lugar sino en la vida. 

A los diecinueve años, Julio Cortázar leyó ese libro. No cuesta imaginar que haya creado en él esa misma determinación vitalista reunida con una autoconciencia poética que halló en la figura de Arthur Rimbaud, cuando escribió su primer ensayo sobre el poeta, en 1941.


2 comentarios:

  1. hay pedazos de texto repetidos. además cuando citas a alguien luego dejas de citarlo sin avisar como si formara parte de la cita y luego cierras la cita. Lo que dices es interesante pero me ha confundido a ratos. Puedes borrar mi comentario si decides arreglarlo (y si no también) .

    salut!

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  2. Estoy totalmente de acuerdo con el anterior comentario. Es como si hubieras cogido varios textos de distintas partes y luego los hubieras colocado en el blog. Por otra parte algunas cosas son interesantess.

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