viernes, 7 de noviembre de 2014

RESEÑA LITERARIA - CAMINOS DEL BOSQUE (1950) de Martin Heidegger







TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN AL SER




"Holzwage" (Caminos del bosque) es una obra de Martín Heidegger publicada en 1950. Allí se encuentra “El origen de la obra de arte” (1936), que reúne conferencias pronunciadas entre 1935 y 1936. En otras obras muestra constantemente su interés por el pensar poético. Esta admiración se fundamente en su creencia de que la poesía es la más importante de todas las artes, ya que considera que ella es la “casa del ser”, y los poetas, sus guardianes. 

CAMINOS DE BOSQUE nos lleva por seis sendas: el primer camino da vueltas en torno a la esencia y origen de la obra de arte; el segundo atiende los fundamentos metafísicos de las concepciones del mundo; los dos siguientes versan sobre Hegel y Nietzsche; el quinto se plantea la pregunta de Hölderlin acerca de la razón de ser de la poesía en tiempos de tribulación y el último desciende a los orígenes del pensamiento primordial acerca del Ser.
Recordemos la famosa afirmación de Nietzsche: “No hay hechos, sólo interpretaciones”. Con esta afirmación se derrumba el lugar sagrado de la verdad. Esta afirmación será muy cara a Heidegger y lo conducirá a decir: “No hay fundamento (Grund) sino más bien un Ab-grund (abismo)”. En lugar de un fundamento hay una distancia, un abismo. Entonces, el ser, que es lo que hace que las cosas sean, debe ser pensado, no en dirección al fundamento, sino inteligido como “aquejado de una falta”. Heidegger sostendrá que el ser “no está dado, sino que es algo que se va haciendo”. Por lo tanto el ser es una posibilidad. El ser es Entwurf, proyecto. Pero también Heidegger sostendrá en “Ser y Tiempo” que el ser es Ereignis, es decir evento, acontecer, ocurrir. Ser, para aproximarse a su comprensión ontológica, se relaciona con “Sentido”. 

Hay otro término que también es fundamental en la filosofía heideggeriana. El Dasein es el “ahí” del Ser, es el existente humano que no está dado de una y para siempre, sino que es algo que se va haciendo. El Dasein se distingue de los otros entes por la posibilidad de trascendencia que tiene el hombre. El hombre se encuentra en estado de yecto, es decir arrojado al mundo sin haber elegido.   En la obra heideggeriana el tema de la libertad tiene una importancia fundamental. El hombre debería desarrollar todas sus posibilidades desempeñando un papel ya que ha sido arrojado a un escenario, como afirma Jean Paul Sartre, por eso el hombre va a ser “tiempo”, ser y tiempo, evento, acontecer; se define como lo que “adviene a ser”, por lo tanto no es, y por eso su angustia, porque su esencia no está determinada de antemano. Su esencia se va a ir elaborando en el existir, en el hacerse. 

Heidegger dice que el arte no es algo que se le aparezca. Lo que aparecen son las obras de arte. Pero cualquier obra es ante todo una cosa porque es alegoría. Por ésto la obra no está completa, sólo comenzará a entrar en una red de significados cuando esté presente ante un espectador, quien completará los espacios “en blanco”. El espectador deberá volver a constituir en significantes los espacios en blanco encontrando un mundo de referentes posibles, un mundo de significados. La obra es de este modo, significante, soporte de múltiples significaciones: las del propio artista, las del espectador, las del círculo de arte, en un libre juego de encuentros semánticos que producen una rica y vasta polisemia que hablará de la trascendencia de la obra.  Es necesario distinguir cosa de útil. Heidegger señala que el útil es tanto más útil cuando desaparece, se oblitera, en su función. Al útil sólo lo usamos. Es en su funcionamiento que captamos lo que es. Es evidente que en las obras de Duchamp citadas (Rueda de bicicleta y La fuente) el elemento utilizado ha dejado su uso y ha pasado a ser otra cosa. Han dejado su función originaria. Han sido expuestas ante el espectador para hacer referencia a otra cosa. 

La obra tiene en común con el útil que los dos están hechos por el hombre. La obra de arte no tiene una finalidad en tanto no sirve para otra cosa, no es un medio. De todos modos descubrir la finalidad de la obra es una de las tareas interpretativas que más convocan la atención del espectador. Pero en tanto cosa, la obra de arte no tiene finalidad. Por lo tanto la obra estaría entre el útil (porque es hecho por el hombre) y la cosa, que no tiene una finalidad particular. Gracias a los útiles organizamos nuestro mundo de relación con las cosas materiales y lo ordenamos. Los incorporamos a nuestro mundo de interpretaciones. 
Es propio de la obra de arte develar la verdad. Esto es lo que ella muestra: lo que permanece, la esencia. La verdad en este caso es develar la esencia del útil. Pero el fin de la obra de arte, el fin supremo para el filósofo alemán, es develar las esencias en general de las cosas. Para Heidegger, la obra de arte reconduce al espectador a reflexionar sobre las ideas y las esencias en un alto plano de develamiento de la verdad que encumbra a la obra de arte a las alturas de la reflexión filosófica y poética. 

Heidegger dice algo muy interesante: La obra habló. Es alegoría. Dice otra cosa. Ese decir “otra cosa” remite a la dimensión humana del “ser en el mundo”. Hay una lucha entre lo que se muestra y lo que permanece oculto. Lo interesante de esta reflexión es comprender que la obra no solamente oculta, sino que muestra que oculta. La obra no nos está dando todo, lo cual determina el rico campo de interpretaciones que ya mencionamos. La obra abre un mundo; ese mundo que abre la obra original y lo funda al mismo tiempo. La obra crea el contenido. Entonces sólo en este ente que es la obra de arte se funda la verdad. No es que se muestre la verdad que existe en otro lugar, sino que ella aparece por primera vez en la obra. Heidegger desarrolla los conceptos de mundo y tierra. “Un mundo” quiere decir innumerables mundos. 

La comprensión heideggeriana de mundo remeite al Dasein. La obra abre un mundo y nos introduce, según Heidegger, en la grandeza, en la dignidad, lo más propio de una época determinada y lo propio del mundo de un creador. Heidegger habla de auténticas obras de arte en tanto ellas expresan un mundo. El auténtico artista plasma a través de la obra lo que él también ha vivenciado individualmente. Hay arte si la obra se nos presenta o cumple con las siguientes condiciones: ser alegoría, abrir un mundo, ser apertura de la verdad. 

El otro concepto, el de tierra, nos relaciona con el misterio, el ocultamiento. Así como la obra muestra el mundo, al mismo tiempo oculta la tierra. Los griegos comprendieron por physis el proceso por el cual las cosas aparecen. Es algo que está en una constante manifestación y que por eso nunca termina de darse. La tierra no puede ser sin lo abierto del mundo. Y el mundo no puede ser sin la tierra si quiere fundarse en algo decisivo para construir un nuevo arraigo. 

El arte es el gran acontecimiento de la verdad que se pone de manifiesto en la lucha entre mundo y tierra. El arte “funda la verdad”. Si en la actualidad lo sagrado se ha retirado de la cotidianidad del mundo humano, ese retiro de ningún modo acontece en el ámbito de la poesía y el arte en su totalidad. El arte nos permite recordar que lo sagrado –no entendido necesariamente como religioso- existió y existe como base fundante de lo humano.


Fuente de texto:

Oliveras, Elena. Cuestiones de arte contemporáneo. Capítulo 1: ¿Cuándo hay arte? por Oscar de Gyldenfeldt -1° ed.- Buenos Aires, Emecé Editores. 2008


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