miércoles, 29 de octubre de 2014

ARTE VISUAL - EL GRITO (1893) de Edvard Munch








El expresionismo fue una corriente artística que buscaba la expresión de los sentimientos y las emociones del autor, más que la representación de la realidad objetiva. Es decir anteponía esos sentimientos a las propias formas. El artista expresionista lo que busca es que se experimente un impacto fundamentalmente emotivo ante sus obras Lo importante en este movimiento es la forma y el sentimiento del autor. La pintura, por tanto, se toma como un medio de desahogarse y de ver la vida con otro punto de vista. Para ello los pintores expresionistas utilizan los colores fuertes y puros. Distorsiona las formas retorciéndolas y pintados  rostros desfigurados y tristes, tratando de buscar con las líneas, el transmitir el ritmo de esos sentimientos. Los cuadros expresionistas se caracterizan por su expresividad y fuerza psicológica a través de sus composiciones agresivas.

Con respecto al arte expresionista, Gombrich afirma que los expresionistas sintieron intensamente el sufrimiento humano, la pobreza, la violencia y la pasión. Ellos querían mostrar su compasión por los desheredados y los contrahechos. Casi se convirtió entre ellos en punto de honor rechazar cuanto oliese a distinción y galanura, sacando al burgués de sus casillas en cuanto a su satisfacción real o imaginaria. El movimiento artístico en el que Munch se encontraba también respondía ante las clases burguesas y muchas veces a través de la representación de los sentimientos trataban de reflejar las injusticias sociales. 

Influenciado por dicha corriente, El grito es una de las pinturas más famosas del mundo y está considerada la obra más importante del simbolista Edvard Munch. El interés de Munch por la representación expresiva de las emociones a través del arte y el modo en que supo plasmarlas a través de su pintura, hace que esté considerado uno de los precursores más influyentes del Expresionismo.

Originalmente llamó a esta pintura El grito de la naturaleza (Der Chrei der Natur) y fue creada como parte de la serie Friso de la vida sobre la vida moderna, el amor, la angustia y la muerte. Para esta imagen Munch se inspiró en un texto autobiográfico que escribió en su diario en enero de 1892: Estaba caminando por la carretera con dos amigos - el sol se ponía - sentí como un soplo de melancolía - El cielo de repente se volvió de un rojo sangre - Me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio - sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad - mis amigos continuaron- y yo me quedé atrás - temblando de ansiedad - sentí un grito interminable que atravesaba la naturaleza.

Edvard Munch pintó 4 versiones similares de El Grito, pero no idénticas, entre los años 1893 y 1910. La versión de 1893 se alberga en la Galería Nacional de Noruega, la otra versión pintada con tempera en 1910 junto con la versión con pastel de 1893 son propiedad del Museo Munch en Oslo. La única versión que permanece en una colección privada es la versión a pastel sobre tabla pintada en 1895. Esta versión de El grito tiene además la singularidad de ser una de las obras de arte más caras de la Historia. Fue subastada por Sotheby’s en 2012 por 119.922.000 dólares al empresario estadounidense Leon Black.

Centrándonos de nuevo en El Grito en unas notas de 1886 escritas por el autor en Niza, Munch recuerda la situación que daría origen al cuadro: “Iba caminando con dos amigos por el paseo el sol se ponía - el cielo se volvió de pronto rojo - yo me pare - cansado me apoye en una baranda - sobre la ciudad y el fiordo oscuro azul no veía sino sangre y lenguas de fuego - mis amigos continuaban su marcha y yo seguía detenido en el mismo lugar temblando de miedo - y sentía que un alarido infinito penetraba toda la naturaleza”.

Teniendo esto en cuenta y considerando que Munch llevaba al limite la pintura no objetiva[6],  es cierto que no podemos tener la certeza de lo que quiso expresar a través del Grito, pero considerando los aspectos tratado en el trabajo me atrevo a decir que el grito que Munch dirige a la ciudad no sólo transmite una angustia personal del pintor sino además una cierta incomprensión y crítica hacia la nueva forma de organización socioeconómica de la época. No parece muy descabellado considerar que ese grito de incomprensión y desesperación  incluyera algo de lo que respiró a lo largo de su vida  en Cristiana y más tarde en París, la lucha contra un sistema socio-económico que no entendía. 

A finales del siglo XX, El grito adquirió estatus de icono cultural que comenzó en el período post-Segunda Guerra Mundial. En 1961 la revista Time utilizó El grito en la portada de su edición dedicada a los complejos de culpa y a la ansiedad. Entre 1983 y 1984, el artista pop Andy Warhol realizó una serie de estampaciones en seda sobre las obras de Munch, que incluían El grito. La idea fue desacralizar la pintura convirtiéndola en un objeto de reproducción en masa. Característico del arte posmodernista es el irónico e irreverente tratamiento que realiza Erró de la obra cumbre de Munch, en sus acrílicos El segundo grito (1967) y Ding dong (1979). La reproducción de la obra en toda clase de productos, desde camisetas hasta tazas de cerámica, pósteres, llaveros, etcétera da testimonio de su estatus como icono, así como de la completa desacralización para el público actual. En esa misma línea, se puede comparar con otras obras de arte, convertidas también en iconos, como La Gioconda de Da Vinci. 

El grito es una obra con gran fuerza emocional, y la banalización de la imagen en la cultura popular se puede interpretar como el intento de desactivar el sentimiento de incomodidad que inevitablemente provoca en el espectador. El muralista norteamericano Robert Fishbone descubrió un filón en el mercado cuando, en 1991, comenzó a vender muñecas hinchables con la figura central de la obra. Su compañía con sede en San Luis, On The Wall Productions, vendió cientos de miles. Los críticos señalan que, al sacar la figura de contexto, Fishbone ha destruido la unidad de la obra de Munch, neutralizando, de este modo, su fuerza expresiva.


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