miércoles, 30 de julio de 2014

HISTORIA SECRETA - JEAN COCTEAU, EL PRIORATO DE SIÓN Y EL MURAL DE LA IGLESIA DE NOTRE-DAME








LA RELIGIÓN ENTRE LÍNEAS: 

ARTE Y OCULTISMO






El Priorato de Sion es el nombre dado a una organización fraternal fundada por Pierre Plantard el 20 de julio de 1956, según consta en el Boletín Oficial de la República Francesa, caracterizándose por sus tintes rosacrucianos modernos. En la década de los sesenta Plantard contò un trasfondo histórico para esta organización, que describió como una sociedad secreta fundada por Godofredo de Bouillon en el Monte Sion en el Reino de Jerusalén en 1099, y que tiene por propósito la instauración de un linaje secreto de la dinastía merovingia en los tronos de Francia y el resto de Europa. Posteriormente el mito sería ampliado y popularizado por el libro pseudohistórico El enigma sagrado en 1982, y más tarde fue descrito como un hecho en el prefacio de la novela El Código Da Vinci en 2003.

Históricamente, existió algo parecido al denominado "Priorato de Sion", ya que en 1099, los Cruzados de la Europa Occidental, tras conquistar Jerusalén del poder musulmán, edificaron una iglesia nueva sobre las ruinas de un antiguo templo bizantino llamado Hagia Sion. La nueva iglesia se llamó de Santa María, y el grupo de sacerdotes que la atendían eran conocidos como El Priorato de Nuestra Señora de Sion, un título que combinaba los nombres de ambas iglesias. Allí permanecieron hasta 1217, cuando los musulmanes destruyeron Santa María tras reconquistar Jerusalén. En aquel momento, se retiraron a Sicilia, donde continuaron ejerciendo su ministerio. El Priorato sobrevivió durante cuatro siglos más, hasta que, en 1617, sus últimos miembros se unieron a los jesuitas. 

En resumen, el Priorato de Sion fue una de las muchas órdenes y sociedades que han ido y venido a lo largo de la historia de la Iglesia católica. Sí existió un auténtico Priorato de Sion fundado en 1099, pero no tiene nada que ver con el actual Priorato de Sion, que no es más que un invento de un personaje como el tal Plantard, que se inventó con ayuda de algún otro un engaño majestuoso, con la pretensión de vivir del invento. Desconocemos si lo consiguió o no, pero esto es materia para otro tema. Tampoco había «gran maestres» en el Priorato original, tal y como se nos muestra en la gran cantidad de libros y artículos sobre este tema, por la sencilla razón de que la cabeza de un priorato es un prior y no un gran maestre.

El Priorato de Sion, tal y como se le conoce gracias sobre todo a la novela de Dan Brown y otros autores del estilo de Lynn Picknett, Clive Prince y algunos otros que han escrito algo sobre temas como este, ha sido descrito como uno de los grandes fraudes históricos del siglo XX. Algunos escépticos han expresado su preocupación por la proliferación y popularidad de los libros, sitios web y películas inspiradas por este engaño que han contribuido al problema de las teorías de conspiración, pseudohistorias y otras confusiones cada vez más habituales.

Hasta hace relativamente poco, el Soho fue un enclave francés, y Notre- Dame de France es uno de los vestigios de aquella época. El edificio original, fue diseñado por Louis Auguste Boileau en 1865; posee una planta circular de hierro que generó muchas polémicas.
Construida por primera vez en 1865 en un lugar vagamente vinculado a los caballeros templarios, Notre-Dame de France quedó casi totalmente destruida por las bombas de los nazis durante el blitz, y la reconstruyeron hacia finales de los años cincuenta

En Gran Bretaña existen pocas iglesias circulares, sin embargo éste es un tanto trivial. Su encanto se encuentra en la decoración interior, en particular por las pinturas murales de Jean Cocteau que adornan una de las capillas. 

Los temas abordados van desde la Crucifixión hasta la Asunción de María y están representados con una fornida, sensual y viva representación, que es muy diferente al arte religioso británico. No sólo ésta es considerada una excentricidad, también es de notar un extraño sol negro y el hecho de que el espectador sólo puede ver los pies de Cristo mientras musculosos soldados, vestidos con faldas cortas, se juegan la túnica a los pies de la Cruz. 

Cocteau era una persona excéntrica, por eso era de esperar que haya hecho un autorretrato en estos muros. Se dice que se emocionó tanto con el dibujo que solía hablar con los personajes mientras pintaba. También es de notar la bella tapicería del altar, de Robert de Caunac, que muestra a María bajo el aspecto de una nueva Eva, una figura simbólica poco usual. Las rarezas continúan con la gran estatua de la Virgen que se encuentra sobre la entrada, una obra de Goerges Saupique, autor de las esculturas del Palacio de Trocadero.






Indagamos en la hermética obra de Jean Cocteau, a quien se presenta como el gran maestre del Priorato que precedió a Pierre Plantard, intentando responder a las grandes preguntas que nos plantea esta trama: ¿es una fantasía megalómana o una forma estratégica de crear nuevos mitos y darnos a conocer la existencia de una tradición oculta, que hoy se pretende reactivar?, ¿quiénes inspiraron esta insólita historia y qué objetivos se ocultan tras la misma?
La escena que podemos observar sobre estas líneas corresponde a un mural realizado por Jean Cocteau, en 1960, para decorar la iglesia londinense de Notre-Dame de France. Construida en 1865, con una posible inspiración masónica y sobre un emplazamiento vinculado a los templarios, fue destruida por las bombas nazis y luego redecorada por artistas franceses. Durante la guerra fue punto de encuentro para los representantes de la Francia Libre, liderada por De Gaulle, a quien se ha querido vincular a las andanzas del Priorato.

En dicha pintura, el artista se retrata a sí mismo, a los pies y a la izquierda de la cruz, con un halcón junto a su hombro, símbolo inconfundible del dios Horus, que identificaba a una antiquísima línea iniciática solar que rigió el Egipto predinástico (los Shemsu-hor o seguidores de Horus). Pero lo más insólito es que Cocteau se sitúa de espaldas a un crucificado, del cual sólo se ven los pies, y tiene una expresión de desagrado o decepción, como si rechazara la crucifixión o dudase de la misma.

Al pie de la cruz observamos una rosa roja, uno de los símbolos utilizados con más frecuencia desde la antigüedad y con más diversos significados. Sumadas ambas se convierten en la Rosa+Cruz, que simboliza la discreción e identifica a una tradición iniciática y alquímica que algunos pretenden remontar al propio Egipto.




Dicha rosa está situada sobre un altar en el cual Cocteau dibujó una enorme M. Aparentemente se trata de la inicial de María y se justificaría por el hecho de que la iglesia está dedicada a Nuestra Señora o Nuestra Dama, un nombre ambiguo que se remonta a los constructores de catedrales a Ella dedicadas y a San Bernardo, que el Priorato pretende situar en los orígenes de su Orden y fue de hecho el inspirador de los templarios. Pero quienes sostienen que Jesús se casó con María Magdalena, aseguran que es a esta última a quien designan secretamente los iniciados en el secreto del linaje griálico, tanto con dicha expresión como con la letra M. Significativamente, a la derecha de la cruz Cocteau trazó disimuladamente otra M formada por un único velo que cubre a las dos Marías: la Madre que llora mirando a la rosa y hacia los pies del crucificado, y la Magdalena que lo hace volviendo la espalda a ésta, al igual que hace el artista, dándose así a entender que ambos comparten un mismo secreto, que les aleja de la cruz. Por encima de ambas mujeres, a la izquierda de un Sol negro, hay una tercera que mira al cielo con unos ojos que parecen pechos: ¿trata de reforzar así el pintor la presencia del Principio Femenino de la Divinidad, que parece también representado por las dos Marías, las dos M y la rosa, tradicionalmente consagrada a Venus-Afrodita?



No está claro con exactitud quién se convirtió en el Navegante del Priorato de Sión a la muerte de Jean Cocteau en 1963, pero el título recayó finalmente en Pierre Plantard, quien sirvió como principal enlace público de la sociedad hasta su renuncia en 1984. Durante su etapa como Navegante, Plantard fue la princi pal fuente de información en que se basó el best seller internal El enigma sagrado, que, en 1983, reanimó la atención de todo el mundo de habla inglesa sobre la historia del Priorato de Sión. Para preparar este libro, los coautores Michael Baigent, hard Leigh y Heniy Lincoln pasaron años rastreando y analizando las genealogías, los códigos secretos y la historia de la sociedad secreta que les fue inoculada por medio de la estratégi ca revelación de documentos arcanos y de entrevistas cara a cara, fue les condujo a una persecución a través de los últimos mil años de la historia y las intrigas políticas europeas.
 
Aún permanecen sin respuesta muchas de las preguntas que los autores de El enigma sagrado se plantearon hace 22 años, tras investigar la turbia historia del Priorato. Entre ellas, ésta: si alguien hubiese pretendido inventar una lista de grandes maestres que resultara prestigiosa y “creíble” para el gran público, para una Orden supuestamente fundada hace 900 años, ¿por qué incluir en la misma a varios individuos poco conocidos, o a un “excéntrico” aparente como Cocteau, en lugar de a otros personajes prestigiosos y contemporáneos suyos, a quienes podría relacionarse con esta trama o que mantuvieron estrechas relaciones con sociedades secretas?




El artista Alain Féral, discípulo y colaborador de Cocteau, ha negado a Picknett y Prince que éste hubiese podido ser gran maestre de la organización liderada por Plantard. Sin embargo, tras investigar la historia del Priorato y el enigma de Rennesle-Château, piensa que tanto Cocteau como los supuestos grandes maestres de la mencionada lista “sí estuvieron vinculados por una tradición clandestina auténtica”.

Los autores de El enigma sagrado reconocen que Cocteau les pareció “un candidato muy poco verosímil para el cargo de gran maestre de una influyente sociedad secreta”, al igual que algunos otros de los personajes presentados como tales. Pero, mientras que “en el caso de todos los demás poco a poco se hicieron visibles ciertas conexiones pertinentes”, en el de Cocteau hallaron pocas.  Sobre posibles conexiones con Debussy y Victor Hugo, sus presuntos predecesores en el cargo, descubrieron que Cocteau diseñó los decorados para una ópera del genial músico, al que alude frecuentemente en sus diarios, y que era íntimo amigo de un nieto del escritor. Junto a él “se embarcó en diversas experiencias espiritualistas y ocultistas, no tardando en estar muy versado en los asuntos esotéricos; y el pensamiento hermético moldeó toda su estética”.

Consideran que “el testimonio más convincente de su afiliación al Priorato reside en” algunas de sus pinturas (como la ya mencionada), obras teatrales como El águila tiene dos cabezas (sobre la emperatriz Isabel Habsburgo, miembro de una de las más prominentes dinastías de la “línea de sangre” que asegura proteger esta organización) o su película Orfeo, cargadas de un sugerente simbolismo oculto.

También destacan que este artista bohemio y escandaloso “se educó en un ambiente próximo a los pasillos del poder, pues su familia destacaba en política y su tío era un diplomático importante”; que siempre “conservó un estrecho contacto con individuos muy relevantes de los círculos aristocráticos y políticos; y que, al parecer, fue muy estimado por De Gaulle. Como veremos el próximo mes, este famoso general es el único e hipotético punto de conexión reconocible entre Cocteau y quien supuestamente le habría sucedido al frente de un Priorato más que nebuloso: Pierre Plantard quien –como vimos en un artículo anterior– era un humilde ciudadano, hijo de un ayuda de cámara y de una dama con pretensiones nobiliarias, que parecía haber urdido toda esta historia con pretensiones megalómanas...

Esta última es la opinión crítica, sustentada por una mayoría de intelectuales, quienes dan por zanjado el tema, viendo el Priorato y el misterio de Rennes-le-Château como simples mitos modernos, carentes de una dimensión enigmática.


Conviene señalar, sin embargo, que Cocteau se educó en un am¬biente próximo a los pasillos del poder, pues su familia destacaba en política y su tío era diplomático. A pesar de su subsi¬guiente existencia bohemia, Cocteau nunca se divorció por completo de estas esferas influyentes. Aunque su comportamiento era a veces escandaloso, conservo un contacto estrecho con individuos muy relevantes de los círculos aristocráticos y políticos. 

Al igual que muchos de los supuestos grandes maestres de Sion —Boyle, Newton, Debussy—, Cocteau se mostró alejado de la política. 


Durante la ocupación alemana no tomó parte activa en la resistencia, aunque demostró la antipatía que le inspiraba el régimen de Pétain. Y, al parecer, después de la guerra disfrutó de mucha estimación por parte de De Gaulle, cuyo hermano le encargó que pronunciase una conferencia sobre el estado de Francia. Finalmente, el testimonio más convincente de la afiliación de Cocteau a la Prieuré de Sion reside en su obra: en la película Orfeo, en obras teatrales como El águila tiene dos cabezas y en la decoración de iglesias como Nótre Dame de France en Londres. Sin embargo, lo más convin¬cente de todo es su firma al pie de los estatutos de la Prieuré de Sion.







ASI FLORECERÁN TUS ROSAS, afirman los rosacruces en sus antiguos textos:


Busca lo Esencial.
¿Sabes tú qué es lo esencial, Lector querido?

Escucha. . .

Todas las cosas de la Naturaleza, todo cuanto ves y no ves, todas las formas cristalizadas y aun aquellos que tu pobre retina no alcanza a divisar, tienen un punto esencial, una sustancia íntima, un espíritu alado, inconsútil, por el que viven y se desenvuelven.

Todo lo demás es secundario, accesorio. No inútil, porque la inutilidad no existe dentro de la magna Obra del Universo. Son medios, vehículos, portadores si se quiere lo esencial. El medio es perecedero. Pertenece a nuestra tierra. Lo esencial es eterno. Pertenece al cielo de nuestro Espíritu.

Busca, por lo tanto, lo Esencial.


Tu Cruz se hará más llevadera y la Rosa le prestará su sagrado perfume.

1ª) Lleva en todo tus actos, una meta. En todas las cosas, un fin. Que éstos sean el de descubrir Lo Esencial. Clava toda su atención en ello y toma por armas lo útil, lo noble, lo bueno, lo bello, para conseguirlo, y desdeña todos los obstáculos que se interpongan.

Así florecerán las Rosas sobre tu Cruz..

La Rosa es el símbolo del Amor.

En Tannhausser dice Wagner: A quien el corazón, se le inflame de amor lleva una corona de Rosas.
En la Alquimia la rosa es simbolo de las tinturas solar y lunar según su color blanca o roja.

 Yo soy la rosa de Sarón,dice Salomon en el Cantar de los Cantares.

Maria mira la Rosa a los pies de la Cruz: Dondequiera intervenga la rosa, la acompañan el secreto y el silencio.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada